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No hay más que la suma de las partes. Sólo eso. Sin embargo, allí donde aparece el complemento (en la unión de A con B) reside lo nuevo.
Memoria e identidad. Orden y duración. Principio y final.
Elementos que se unen para conformar un nuevo sentido.
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Compilado por Miguel Baratta.

PLANO DETALLE: CORTOS EN CINEVIVO (1)
(fecha de realización: Mayo 2009)
No hay más que la suma de las partes. Sólo eso. Sin embargo, allí donde aparece el complemento (en la unión de A con B) reside lo nuevo.
Memoria e identidad. Orden y duración. Principio y final.
Elementos que se unen para conformar un nuevo sentido.
Compilado por Miguel Baratta
Gracias por su visita
por Miguel Baratta
Dentro de las grandes estructuras un mismo mundo se repite y gira al abrigo de las leyes del anonimato. Espacio interno que sólo tiene que ver, digo, pura y exclusivamente, con los individuos (usuarios, clientes…) despojados de toda posibilidad de socialización orgánica.
Paredes grises, paredes lisas, paredes vacías. Vidrios que brillan, grandes espejos rodeados de grandes mármoles que se espejan, planchuelas de aluminio brillante que recubren ostentosas columnas cilíndricas. Mesas metálicas que brillan rodeadas de sillas metálicas que brillan sobre lustrosos pisos de cerámicos esmaltados. Teléfonos solos. Ventanales de transparencia reluciente, carritos apilados, carritos apilados reflejados, luces que iluminan nada, fuentes tontas de agua estancada, ventanitas muertas, televisores abatidos que solo miran el piso, escaleras ciegas de ritmo bobo y permanente.
Cámaras que graban pasillos vacíos, amplios patios de pisos ajedrezados, Plantas tristes que crecen dentro de cubículos vacíos, salidas de aire, molinetes, ceniceros, ascensores, palmeras, si, palmeras!
Señales, códigos viales. Soportes gráficos, componentes destacados del paisaje. Anuncios de neón, luces que indican accesos, flechas pegadas en el piso, flechas pegadas en puertas. Carteles.
Bienvenidos, gracias por su visita.
Simplemente pertenecer.
Inserte tarjeta.
El espacio hace el resto.
Entrada.
El lugar no se recorre, no se explora, lo esencial está destacado en carteles.
Salida.
El paseante no necesita detenerse para decidir su recorrido. Está liberado de sus acostumbradas decisiones. El ritmo está determinado por el espacio. Todo es presente.
PRIMERA PARTE:
El abanico de lugares.
Elaborado a partir de la ambigüedad de los encuadres los espacios revelados se presentan difusos, irreconocibles, sin elementos identificatorios claros. No hay logos, nombres, fachadas, ni ningún otro tipo de significante claro de única lectura. Todo se vislumbra como una gran puesta en escena, como un gran escenario teatral armado, cuyas estructuras aguardan impacientes el momento de la función, del encuentro con el público, de brindar, entonces, su potencial ilimitado.
SEGUNDA PARTE:
Usuarios.
Un molinete que se mueve. El devenir de la acción. Movimientos. Piernas, sombras, torsos, cuerpos, bolsos, bolsas, carros, carteras, zapatillas, corridas, reflejos, hombros, tumultos, escaleras.
Montaje.
La titánica maquinaria puesta en funcionamiento.
Aceleración del ritmo. Planos más cortos, menor duración, fragmentación de la misma toma. Es aquí donde aparece el aporte a lo implícito de cada imagen. El montaje aparece para elaborar un sentido. Donde veíamos la coexistencia de personalidades distintas, indiferentes las unas a las otras, ahora también vemos soledad y similitud en los usuarios a partir del diálogo que mantienen con los signos, ya que estos no actúan de manera particular, sino que evocan a miles de personas. No hay integración. Individuales urgencias inmediatas que determinan una movilidad pronta y constante.
TERCERA PARTE:
Huida.
Descenso, desagote, silencio, ocaso.
Superabundancia espacial. Escaleras vacías, estacionamientos vacíos, pasillos vacíos y ofertas de placer y tranquilidad que nadie atiende. Verdaderas invitaciones a la identificación. Planos más largos. Modificación de la duración. Siluetas oscuras que se borran, pequeños resplandores que acompañan a la salida.
Retorno de la nada. El espacio vuelve a despoblarse y recobra así su ritmo sin sentido.
El tiempo (des)armado
por Cecilia Brück
Solo una cosa no hay. / Es el olvido.
Jorge Luis Borges
Everness
Un cuerpo observa en la claridad de su noche. Reposa en silencio y se sueña expectante. Pero esa noche no es tal, y se nos vuelve día. Un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Melancolía fantasmal. Otro cuerpo se descubre, fragmentos de aquello que aún no puede ser revelado. Luz que invade la habitación, reminiscencia azulada, haciendo las veces de un telón de fondo. Ella reacciona y pregunta, pero no obtiene respuestas.
División primal nos presenta así a sus personajes. Y los ubica en tres tiempos distintos, alternos, sin relación manifiesta. Pasado, presente, y un espacio entre ambos. Quizá ensueño, quizá realidad. Cada uno impreciso, cada uno fraccionado. Narración que divide la historia en tres tiempos. Relato fragmentado.
Relato fragmentado al igual que la memoria de Paula. Paula pregunta y busca el recuerdo, ese lugar que no es exactamente el de la memoria. Búsqueda que parece ubicarse en ese espacio suspendido entre pasado y presente. Dónde ella espera, y pregunta: -¿Dónde estamos? La respuesta es sencilla, -Casa. Pero aún así no logra sentido en la mente de Paula. Y son en cambio las preguntas las que toman fuerza, recorriendo el espacio que les es dado. Con cada pregunta, la espera. Y en cada respuesta, el aire tenso que se quiebra. Algo podría ocurrir. Algo podría no ocurrir. Paula no recuerda. Arrastra una memoria fragmentada.
Pero la memoria es ese registro de lo pasado, aquello sin lo cual ningún individuo existe. Y es ahí dónde aparece el quiebre. Paula no se rinde: - Yo siento que acá falta algo. Los fragmentos del pasado y el presente nos son dados a medida que Paula siente esta necesidad de nombrarse. Ella insiste y el pasado aparece. Blanco y negro rígido, solo el sonido de una cuerda. Firmes indicios de lo antes negado.
Hacia el final ocurre lo impensado: Ella logra reconocerse como sujeto a partir de recobrar su pasado. Los fragmentos se unen en el relato, y el mismo se constituye solo en la medida en que Paula recupera su identidad.
El pasado y el presente son las piezas que completan esta búsqueda. Pero el primero tiene significación solo desde el segundo. Se puede decir entonces que una palabra recorre todo el relato: ausencia. Ausencia que interviene los recuerdos y los fragmenta, para luego transformarlos. Ausencia que nos ubica en tiempos distintos.
Escaleras ocultas y estrechas que llevan al dolor recobrado. La respuesta parece estar cerca. Algunos pasos más. Volverse presente, y ya no desaparecer.
El ojo del huracán
por Victoria Margheim
Asientos vacíos de un tren en movimiento, hombros descubiertos, un peinado deshecho, pies descalzos apenas visibles por un vestido blanco, voluminoso y algo percudido que corren con un destino desconocido. Sombra de ojos corrida y aguada.
No sabemos qué aconteció previamente, y al mismo tiempo, podemos reconstruirlo todo, con mayor o menor exactitud. En definitiva, los sucesos previos, (y posteriores) que podemos intuir, sólo importan en función de un estado de cosas actual.
Final del tren. ¿Final del recorrido? ¿Fin de todo? ¿Principio de algo? Camino dentro de un camino. El sentido y la velocidad del tren son inevitables. Trazan un camino, un destino, un lugar de partida y un lugar de llegada. Un quiebre indiscutible de la llanura de pasto gris. Pero hay un doble recorrido, y es el que ella decide trazar en sentido contrario al del tren. ¿Negación del punto de partida? ¿Búsqueda de un retorno? ¿Intención de romper con un trazado prefijado, aparentemente inevitable de eludir? Una cámara inestable y que inquieta, bordea los límites entre tren y llanura; hierro y tierra. Unos pies fuertes y endebles exploran este mismo límite, aumentando esta sensación inquietante y desequilibrante. Una parte del vestido blanco se rinde y se deja afectar por un viento violento e inexistente como tal, pues sólo existe como consecuencia del tren y su velocidad. Y este viento copia la dirección de ella, que es contraria a la del tren. ¿O es ella que copia la dirección del viento? No hay impulso, ni caída. No hay antes ni después. Sólo accedemos al ojo del huracán.
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