| Impresiones: Pequeñas grandes acciones y aquellos héroes anónimos |
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Compilado por Anabella Speziale.
PEQUEÑAS GRANDES ACCIONES Y AQUELLOS HÉROES ANÓNIMOS (fecha de realización: Julio 2010) Sin bustos de bronce o líneas en la Historia de vencedores, son aquellos héroes anónimos los que hacen vibrar en silencio la rueda de los tiempos. ¿Quiénes fueron los constructores de Tebas? ¿Quiénes fueron los soldados de Roma? ¿Quiénes fueron los que movieron la turba parisina para cantar marsellesas entre flojas cabezas? Sus nombres no los encontramos en libros ajenos, sin embargo hacen eco en nuestra memoria. Y si miramos con atención, cada día hay incontables seguidores de este ejército de hombres y de mujeres que arriesgan sus cuellos para hacer más fácil la existencia de todos. Pequeñas grandes acciones en una danza de máscaras que ocultan el rostro ante las cámaras pero con mucha luz en su interior. Esa sonrisa cómplice, ajena a grandes victorias, se regocija en cada pequeña acción desinteresada de laureles o famas. Son aquellas pequeñas cosas las que nos hacen mirar la vida color de rosa. Las que nos dan aliento en todo momento sabiendo que dar una mano es ver el brillo en la mirada de quien ayudamos... así nos devuelve el aliento para volver a enfrentar otro reto. Compilado por Anabella Speziale Rumba (2008) Abel frota sus ojos cansados y mira a su copiloto indefenso dormir. Voltea hacia la puerta buscando que ésta le devuelva el silencio cómplice que toda travesura ansía. Nervioso logra dar con el verdugo del sueño: un vaso con agua. Sus ojos no se le despegan. Delicadamente lo descansa sobre la cabeza de Pier sin mirar al frente. El presentador del circo anuncia a Abel “Equilibrista del terremoto” con su logro máximo. Las aguas turbulentas desafían el plan. Abel las calma con el deseo del triunfo en su mirada. Ya percibe el glorioso final y los ecos entre compañeros que, hasta dentro de unos instantes, eran pares. ¡Héroe! Por fin sus ojos son relevados de la guardia sobre la gravedad saboteadora y logran encontrar el clímax de su hazaña más arriba en la cabina. ¡Claxon! Pier vuelve al ritmo cardíaco de su primer beso pero descubriéndose víctima de la húmeda derrota. Solo el hombre que sube por el puente dirigiéndose a las vías del tren logra callar la risa de Abel y abrir sus ojos al espanto. El tren pasa. El hombre vive pero baja a la carretera por más. Dom y Fiona, en su coche, se dirigen héroes a su casa sabiendo que mañana reirán de nuevo mirando el mar. Invictus (2009) Un grupo disgregado pierde su fuerza en acciones opuestas. La zona muerta (The dead zone, 1983) Clip, clap. Su cuerpo suena al andar. Su ojo escucha y muerde sabores ajenos. La lluvia pretérita marca la renguera. Patria desnuda, en el letrero un obrero de mala sed. Su ojo saborea. Es agridulce la espera. Clip, si. Clap, no. Lluvia, renguera, sinécdoque. Gatillar es futuro. Petróleo sangriento (There will be blood, 2007) Nubes en un cielo de invierno. Profundo en un hueco en la tierra. El pico, la pala y el mundo abajo. Porque negro es el oro que emana de la piedra. Pensando en aquello el imperio se va agrandando. Primero son algunos barriles, luego todo se tiñe de color negro de la tinta, negro del color que seres como el calamar emanan de sus glándulas de defensa: una letal cercanía con la ceguera producida por aquella fiebre. Codicia y ganas de aventura, un profeta en su tierra y un niño sordo: y sí, acá nadie escucha a nadie. Ser único e individual, dejar de ser una mancha, algo es. Mejor que nada, pero mejor una mansión con tres perros y un criado que sepa abrir la puerta para ir a jugar. Una vez más, y esta vez en la cabeza. Sangre, sangre y más sangre. Salvador Allende (2004) Su cuerpo claro, evidente, rotundo, con su rostro determinado que conlleva la evidencia de su punto de vista de permanencia eterna. Comienza a transitar, a caminar, su presencia invade, se filtra en cada grieta. Pinta el suelo e impregna el aire. Decide no olvidar sus inicios, ser uno más, uno entre todos. Su mecánica se acopla en cada acción y movimiento humano. Se traslada a la conciencia, a la reflexión, al pensamiento de cada uno. Les muestra el camino, los deja ser. Por eso ya su cuerpo entregado ha decidido desdibujarse… se va haciendo lentamente sombra, se constituye en silueta. Kolya (1996) Kolja, niño ajeno. Parado en la puerta rechaza mi mano. Da un paso a mi mundo. Ungido su rostro de moco de llanto. Extraña su imperio. Mira a la ventana y es iluminado. Kolja es otro idioma. Capricho distinto que talla mi cara. Voluntad severa que habita a mi lado. Vivo ensimismado. Niño expansionista. ¡Kolya, Niño Ajeno! ¡Niño aire del cielo! Afirmo volver a verte y sólo entonces te alejas. Y ante mí cierran las puertas que me expulsan con su espejo. Que me exhiben solitario sin derrota en la tristeza… me alimento de exigencias, de tanto que me has rodeado. Sigue tu ciclo extranjero. Mamma Roma (1962) Recuerden a Mamá Roma en sus momentos de alegría, el brillo de sus ojos proyectando hacia el futuro una nueva forma de vida para ella y su hijo. Ha conseguido un puesto en el mercado, una casa en la ciudad, sacrificio tras sacrificio cumple con las nuevas demandas de la sociedad de consumo. Ciudad Roma también lo hace. Ha dejado atrás paisajes de posguerra para dividirse en dos: aquellos que pertenecen y aquellos que quedan fuera de la ciudad, del desarrollo, del tiempo que marca el reloj. Mamá Roma quiere pertenecer y que su hijo tenga un mejor porvenir, pero él camina a la deriva por las periferias de la ciudad, y sin saber lo que quiere descubre por azar su sexualidad y la de su madre. El pasado lo golpea en la cara, es su Mamá Roma, que dio todo por él, tal vez demasiado, y que tratando de saltar barreras se sumergió cada vez más profundo en un laberinto sin salida. La vida le pide a cada persona algo diferente, en cada desafío nos plantea una oportunidad de desplegar nuestra identidad de la mejor manera posible, pero que significa esto, un conocimiento sincero acerca de nuestra naturaleza, dejar de nadar en la aguas seguras y amorfas del imaginario colectivo. Mamá Roma deberá volver a empezar, sin su hijo, muerto en una institución de la nueva Ciudad Roma a la cual ella quería pertenecer. |