| Impresiones: Kino-Eye |
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Compilado por Anabella Speziale.
KINO-EYE (fecha de realización: Diciembre 2009) ¿Acaso es posible representar la realidad? ¿La realidad una vez representada, es real? La mirada situada de quien muestra los sucesos está presente en todos los documentos. Punto de vista dominante de quien observa, quien cuenta, quien compagina escenas… se profundiza el vínculo estrecho entre lo fáctico y lo simbólico en un juego de límites difusos. Un hombre con su cámara se pasea por la ciudad cotidiana. Un intrépido aventurero viaja al polo con piel de oso. Un amante de la historia recrea malones y cautivas. Un inventor proyecta sus “vistas” aparentemente reales. ¿O acaso son puestas simuladas? En este mundo moderno, todo depende de la perspectiva. Compilado por Anabella Speziale Actualidades Argentinas 1910-1912 y 1913 (1913) Apenas quince años separan la llegada del tren a La Ciotat que a Saladillo Norte. Los idénticos 45° de la perspectiva caballera podrían camuflar formalmente la diferencia, si no fuera por la trompa con bandera y escudo argentinos del que proviene de La Plata. Ávidos por bajar, los viajeros se amontonan en las proximidades de las puertas mientras otros tantos esperan en el andén. Gran recepción para el exmo Sr. Gobernador Gral. J. I. Arias y el Sr. Ministro de Obras Públicas Dr. T.J. Sojo. Peregrinaje por el camino. Un fotógrafo se adelanta para inmortalizar el momento. Todos los hombres se quitan el sombrero y saludan al mismo instante, interpelando más allá del cuadro. Y allí la mueca espectral y afantasmada conmociona y genera el interrogante. ¿Habrán muerto? ¿Seguirán vivos? La misma mirada, la misma sensación se manifiesta sistemáticamente en la recepción al Gobernador en la Municipalidad de Saladillo, en las inauguraciones del Asilo de Ancianos ubicado en Nuñez y del Nuevo Mercado Municipal en Paseo Colón y Venezuela, e inclusive en el sepelio de Fray Modesto Becco en el Cementerio de la Recoleta. Sombreros, plumas, flores y vestidos con armazón para ellas. Sombreros, bigotes, barbas y traje para ellos. Gorras y pantalones cortos para los niños. Vestiditos para las niñas. Un hombre advierte la presencia de Max. Estira el cuello para saberse captado. Inspecciona, se prepara, toma coraje y saca su sombrero en señal de saludo. Sonríe. Se da vuelta y convoca a sus amigos, incitándolos a repetir su mismo accionar. Miradas que interpelan con curiosidad. Pasan, sonríen, refieren, señalan y reclaman la complicidad de otros vecinos. ¿Habrán muerto? ¿Seguirán vivos? A pesar que el coche fúnebre proveniente de la Iglesia de Santo Domingo dictamine lo contrario, vivirán, pues la muerte del referente y el paso del tiempo así lo demuestran, obstinándose en estar siempre ahí. 16 Memorias (2008) La mirada de Mario hace resonar los ecos de un pasado fuera del tiempo. Memoria. Recuerdos. Momentos. Vida. Todo aparenta ser un sueño perfecto. Los retazos se unen animados por la vocación de un padre que con mágica mirada registra e inmortaliza la cotidianidad de su familia convertida en actante. Triviales momentos impactan con la fuerza del colectivo: Papá se afeita, los hijos toman un baño, los primeros pasos de una hermana menor, el mar, una torta de cumpleaños, Navidad, otra torta de cumpleaños. Ecos. Recuerdos se suceden como instantes fugaces que parecen desvanecerse a medida que pasan. Aroma a pasado, a parque, remontar un barrilete, el zoológico, un primer día de clases y vuelta a casa que Mamá espera. Ya son cinco los que vuelven, ya son seis. Su obra fue su vida, y estaba guardada, desarmada, archivada, latente. Mario la reencontró y volvió a vivir con ella. Camilo le prestó sus ojos, su tiempo, le dio voz y forma, la hizo nacer. La vida es una obra natural, es la narración suprema, quien lleve en su mirada la vocación del registro vivirá para siempre y dará vida. M (2007) Edificios durmientes. Las escaleras son de otro tiempo, los escalones llevan marcas de otro pisar, trasladan a un espacio bien alto, distinto. Los pasillos que transitan los edificios, largos, interminables, se mezclan entre sí armando un tramado laberíntico. Los pasillos se hacen muchos más profundos de lo que son, más indescifrables. El grosor invisible de las puertas las hace prácticamente impenetrables. El abrir y el cerrar no se distingue uno del otro, los dos lados convocan a un precipicio de gente desconocida, lugares deshabitados, historias guardadas. Edificios de escombros. Restos desnutridos y raquíticos que intentan construir lo que fue en medio de un pasado que se presenta confuso, desunido, incierto. Las paredes y techos y sus grietas invitan a un sinfín de posibilidades que se consumen mutuamente. La búsqueda es tan intensa que los mismismos cimientos están en permanente movimiento. Edificios impotentes. Separados, desperdigados. Parece imposible construir desde el presente. Capturando a los Friedman (Capturing the Friedmans, 2006) Estás seguro de todo lo que pasa. Entran las dudas, tratas de entender lo que pasa. Nunca vas a saber la verdad, ni aunque te confíe todo. Y los demás escarban, juzgan, culpan. ¿Qué pasó realmente? ¿Realmente ocurrió? The Devil and Daniel Johnston (2005) Es este sótano, tan oscuro, tan repleto de mí. - He perdido mi cabeza, Señorita. ¿Sabe Usted dónde puedo encontrarla? Noticias de la Antigüedad ideológica. Marx / Eisenstein / El Capital (Nachrichten aus der ideologischen Antike. Marx / Eisenstein / Das Kapital, 2008) ¿Es el cielo tan azul? ¿Es el pavimento tan gris? ¿Son los textiles tan coloridos? Workingman's death (2005) Cuerpos infinitos, debajo de minas de carbón, que buscan aquel dinero. Rostros negros, tiznados de la negra rutina de la mina. Quizás todo se desmorone, salgan antes a la superficie. Cargar una piedra pesada, aquel azufre amarillo. Los sulfurosos vapores de un infierno amarillo. Ya nadie se da cuenta del peso sobre las espaldas, solamente el dinero, el dinero, ese dinero. Cortan el barco con sopletes, y la chapa podrida se desmorona. Nada parece cierto, pero la realidad pega sobre el agua, sobre la arena, sobre las manos de aquellos que deciden hacerle frente a lo más duro del acero. Dinero, dinero, dinero. |