| Entrevista a Romuald Karmakar |
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Por Pablo Acosta Larroca y Nicolás Aponte A. Gutter.
Nota Relacionada: Master Class: Diálogo con Romuald Karmakar Nota Relacionada: Camarada Karmakar
(RE)CONSTRUCCIÓN y DESVIOS: EL PROYECTO KARMAKAR (fecha de realización: Abril 2008)
No digamos que Romuald Karmakar es documentalista, porque esta definición, además de incorrecta, sería incompleta. Digamos que empezó haciendo documentales porque tuvo la necesidad del cine, la necesidad de filmar. Que si en su juventud supo absorber el espíritu punk propio de finales de los ‘70, hoy sigue vivo en cada uno de sus proyectos, ya que el realizador alemán no afilia con una radicalidad superficial, sino que arremete con un cine donde prevalecen las convicciones personales por sobre cualquier efectismo. Digamos que sus películas transitan el documental y la ficción sin tapujos, sin medias tintas y que en ese recorrido ofrece documentos donde la realidad aflora más allá de los encasillamientos. Digamos también que con cada película va conformando un camino de maduración hacia la sencillez, hacia una suerte de pureza de recursos mediante el despojo de lo superfluo en pos de lograr una concentración e intensidad incomparables, el mismo camino que lo lleva también -en muchos casos- a autofinanciar sus trabajos para poder concretarlos. Digamos entonces, y finalmente, que Romulad Karmakar es, justamente, un auténtico cineasta.
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Nos gustaría conocer un poco acerca de tus inicios, específicamente antes de transitar el camino de la realización cinematográfica. Una formación que podríamos calificar de “autodidacta”, pues entendemos que no participaste de ninguna escuela de cine. Es cierto, no cursé en ninguna academia de cine o similar. Mis escuelas cinematográficas en Munich fueron el Museo del Cine (Film Museum) y el Werkstattkino, un pequeño cineclub en el que trabajaban algunos de mis amigos programando películas underground. Ese lugar era como una cinemateca punk, porque reunía a un pequeño grupo de personas que se interesaba por el cine, por el fútbol y por la música y el movimiento punk. Estamos hablando de principios de los años ’80, donde existía un ambiente que denominábamos “Súper 8”, debido a la gran cantidad de películas que se estaban haciendo en ese formato. En distintas ciudades se estaban realizando películas en Súper 8mm que, más allá de las diferencias del caso, se unían en el formato y en su búsqueda experimental, como así también en la locura que expresaban y las características punk que estaban muy presentes en todas ellas. Incluso teníamos una frase hecha: “todo el poder de los Súper 8”. Sin embargo, en Munich no estaba dado del todo este ambiente, por lo que con unos amigos nos dijimos “vamos a comprar una cámara de Súper 8mm y vamos a empezar a hacer nuestras propias películas, películas bien duras”. Así fue que para Marzo del ’85 comencé a proyectar mis primeros trabajos documentales en el Werkstattkino, que funcionaban muy bien: siempre estaban todas las entradas vendidas (unas cincuenta butacas) y cada una de las películas se exhibía durante diez días. De esa época son A friendship in Germany (Eine freundschaft in Deutschland, 1985) y Coup de boule (1987), entre otras. Todas películas políticamente incorrectas, actitud propia del espíritu punk y thrash. Ese fue un poco el comienzo. Desde siempre quise hacer principalmente películas de ficción y siempre estaba escribiendo historias, pero como no tenía dinero, me decidí empezar por realizar documentales, hasta que obtuviera el dinero o alguien decidera invertirlo en alguna de mis películas. Eso se dio recién en 1995, con mi primera película de ficción The Deathmaker (Der Totmacher), que pude realizar gracias al reconocimiento que obtuve en el Festival de Berlín por el documental Warheads (1993). 1 ffjdh Recién hacías referencia al movimiento y la música punk. Me gustaría que hablaras un poco de ese espíritu con relación a tu propia obra cinematográfica. Para mí hay una relación muy estrecha entre el punk y el dadaísmo, en el sentido de cómo se muestra a “El Arte”. En esa época estábamos muy relacionados con el dadaísmo y la música punk. Pertenezco a una generación involucrada con el punk mas tardío que provenía de Estados Unidos: Black Flag(1), Dead Kennedys(2), Bad Brains(3)… Todo un referente cultural y una expresión artística que principalmente era anti-burguesía, era anti-ciudadano, que está aquí (señala su cabeza) incluso hasta hoy, porque existe la música que pasan por la radio y la otra música, la diferente, que es la que más me interesó siempre. Entonces te encontrás con Thomas Mann(4), con Günter Grass(5), pero también hay otros artistas y otra música, la otredad siempre fue lo que más me interesó. En este sentido y con relación a tu pregunta, esta actitud de ir un poco a “contrapelo” posee su correlato con mi cine, pues siempre estoy buscando otro camino, otra manera de contar las cosas. Inclusive uno de los rasgos que atraviesa a muchas de tus películas es la música en sí, tanto como medio formal expresivo como tópica. Berlín es una ciudad muy musical; en todos lados hay bandas, hay ideas, hay posibilidades, es fascinante. Entonces, al vivir allí mis películas están atravesadas por esa realidad, al punto que, por darte un ejemplo, no hubiese podido filmar Nightsongs (Die nacht singt ihre lieder, 2004) si no hubiera vivido en Berlín. Ahora bien, el tema es cómo trabajar la música como herramienta expresiva sin caer en un lugar común, pues como bien sabés hay demasiada música en la mayoría de las películas de ficción para generar ciertas emociones. Entonces, la pregunta siempre es “¿cómo podemos incluir la música de una manera diferente?”. ¿Viste Warheads? (ambos asentimos con la cabeza). Hay una escena en la que los legionarios franceses de la base de Kourou (Guayana Francesa), se encuentran en la caserna de la legión contraria y allí cantan una canción alemana que se llama “En una pequeña ciudad de Polonia”. En la película decidí dejar que la cantaran en forma completa, es decir que interpretan todas las estrofas -que serán unas cinco o seis-. Obviamente todo el mundo me decía “cortemos acá”, después de la primera o segunda estrofa, pero yo dije “no, porque es una canción que desconocía por completo y en cada una de estas estrofas se cuenta una historia y también una historia sobre las personas que cantan la canción”. Esta canción funciona a nivel musical pero termina contando una historia, y para mí esto es realmente lo valioso de utilizar música en una película. Obviamente la música es un camino muy fácil para despertar emociones en el público y una herramienta muy importante en ese sentido, pero a mí lo que me gusta es llevar la música hasta un punto al que, por lo general, no se llega, para expresar también una historia y un tiempo cultural. Siempre depende si puede llegar a formar parte de la historia. En este sentido, en Manila (2000) también, hay baile que se desarrolla de principio a fin, no es un poquito y nada más. ¿Y la música electrónica como en 196 bpm (2002) y Between the devil and the wide blue sea (2005)? ¿De dónde surge tu interés por retratar esta subcultura tan presente en Alemania? Porque la música electrónica es producto del desarrollo de la música moderna; el punk no va más… hay que pensarlo en el contexto. ¿Y podríamos pensar a la música electrónica como el punk de hoy? No, porque la música punk se posicionaba de manera diferente frente al mundo y tenía una connotación política, mientras que la música electrónica está libre de política. La mayoría de la música electrónica no tiene letra. Hay una gran diferencia entre ese entonces, Kraftwerk(6), y la música electrónica de hoy en día. Hoy en día la música electrónica está muy presente en ámbitos que el punk hubiera rechazado. Por ejemplo, en cada desfile de modas. Hoy en día un D’J importante toca para estos desfiles de moda, ya sea para Galeano o Versace, mientras que un grupo punk nunca lo hubiera hecho, por principios. Hay una canción de The Ramones que es muy importante para mí: Bonzo goes to Bitburg. Esta canción se editó cuando Ronald Reagan (por aquel entonces era el presidente de los Estados Unidos) y Helmut Kohl (que era el canciller alemán) fueron a un cementerio de esta ciudad(7) donde estaban enterradas personas que habían pertenecido al nacional-socialismo, lo que se tradujo en un escándalo. Hasta hoy todavía no escuché una canción de una banda electrónica que hable sobre Berlusconi o sobre Bush. Es puro hedonismo. Más allá de la diversidad formal (del montaje por choque de tus primeros trabajos a los tiempos de Hamburg Lectures) y temática (política, regimenes totalizadores, subcultura electrónica, etc.) que podemos encontrar en tus películas, creo que todas ellas están atravesadas por un rasgo común: generar un nuevo conocimiento y conciencia social de esas problemáticas, desarticulándolas de las imágenes tipificadas, que son parte del imaginario creado por los medios, las imágenes que son iconográficamente reconocidas por los espectadores porque han sido reproducidas hasta el hartazgo, lo que sin lugar a dudas es un desafío. A los 40 años no puedo hacer películas como a los 19, porque de lo contrario no me estaría desarrollando, no evolucionaría. De todas maneras hay marcas que son de uno y están allí, siempre. Si pienso por ejemplo en Coup de boule, creo que no está tan alejada de mis películas actuales. En cambio, Gallodrome (1988) creo que no es una película tan bien lograda, principalmente porque está demasiado influenciada por el estilo de Sam Peckinpah(8), sin encontrar a partir de allí una reelaboración más personal. Cuanto más adulto, más experiencia se acumula y tanto más claro es encontrar el camino más simple. Quiero decir, cuantas más películas hago más minimalistas y simples son, porque cuando uno sabe más se siente mucho más seguro de lo que está haciendo, porque también se conoce más y también conoce más a las personas que trabajan con uno, desde siempre. Por ejemplo, Fred Schuler, mi director de fotografía, con el que sigo trabajando hasta hoy día. Cuando hicimos The Deathmaker siempre tuvimos muy claro cuál era el camino más sencillo sin necesidad de recurrir a efectos digitales y otros procesos tecnológicos; en este sentido y trabajando de esa forma lo más difícil era lograr esa simplicidad. ¿Qué hicimos? Utilizamos una estrategia que consistía en filmar y cortar, filmar y cortar, cuando en realidad podríamos haber recurrido a cualquier tipo de efectos con la cámara, como revolearla y moverla en cualquier dirección, o cualquier otro tipo de reflejo de virtuosismo… pero creo que lo que uno tiene que intentar hoy en día es resistirse, ir un poco en contra de la tecnología y el efecto por el efecto para encontrar realmente el camino para producir algo con sentido. Es un problema que afecta a muchos jóvenes que cometen el error de querer mostrar todo lo que saben pero a base de puro virtuosismo se quedan en la cáscara, por lo que todas las películas se terminan pareciendo. Por ejemplo, en 2005 Between the devil… se exhibió en el 29° DUISBURG (Duisburger Filmwoche), uno de los festivales de cine documental más importantes en Alemania y había muchos estudiantes de cine. Y como la película respeta los tiempos de los artistas, y posee pocos cortes, los estudiantes, acostumbrados a la cultura del videoclip MTV, estaban totalmente desesperados porque no sabían cuál era el significado de “esta película tonta”, ya que ellos sostenían que “¡esto es algo que puede hacer cualquiera!”. Lo que sucede es que nadie lo hace. Con relación al espectador… En el centro de la idea está lo que yo considero lo correcto. Cuando hice The Himmler Project (Das Himmler-Projekt, 2002) ni siquiera podía pensar si había alguien a quién quizás le interesara: éramos un grupo de amigos que nos preguntábamos cómo podíamos filmar esto. Entonces, que esta película haya sido mostrada en el Festival de Berlín, que haya tenido tan buena recepción por parte de la crítica, que se haya convertido en Alemania en una película de referencia para mostrar el nacional-socialismo, son cosas que no pueden preverse. Por eso creo que lo más importante en la vida artística de un cineasta es mantener esta premisa: tener ese hilo conductor en el que siempre prevalezca lo que uno considera que es correcto, sin especulaciones. Obviamente que no siempre las cosas resultan como con The Himmler Project; lo difícil es cuando el público y los medios no aceptan para nada lo que uno está haciendo. Sin embargo, uno tiene que seguir adelante y quizás tu próxima película sea mejor recepcionada y comprendida. Por ejemplo, con Hamburg lectures (Hamburger lektionen, 2006) estoy totalmente convencido que hacerla era lo correcto, al punto de invertir mi propio dinero. Y aunque tuvo muy buenas críticas pocas personas fueron a verla al cine. Sin embargo, estoy convencido que hice lo correcto, porque es una película muy importante debido al discurso que se desarrolla en ella. Este es su mayor legado. Entonces creo que hay diferentes formas de éxito y hay diferentes formas de llegar y pensar al espectador. Como detalla la introducción de Hamburg lectures realizaste esta película sobre la base de un material en video del año 2000 que registra la prédica en Ramadán del líder islámico Mohammad Fazazi, que en ese momento era el Imán de la mezquita de Hamburgo, donde concurrieron al menos tres de los pilotos suicidas que participaron del atentado del 11 Septiembre. Sin lugar a dudas este es un material de una valoración documental y sociológica sin antecedentes. ¿Cómo fue el proceso de reelaboración de material hasta llegar a tomar la decisión de convertirlo únicamente en la reproducción del discurso, dejando únicamente su transcripción, despojándolo de toda su carga visual, dejando simplemente a un personaje (interpretado como en The Himmler Project por Manfred Zapatka) que lee a cámara reproduciendo todo el discurso? El punto de partida fue un artículo publicado en Julio de 2005 en los diarios más importantes de Alemania, dos a tres semanas después de los ataques a Londres. Este artículo trataba únicamente sobre ese Imán que había estado en Hamburgo. Si bien yo no había escuchado nada sobre este Imán había algo… Cuando estaba leyendo el artículo y comencé a relacionarme con el tema, me di cuenta que en realidad la célula de Hamburgo ya no estaba mas ahí, en Alemania. Entonces se me ocurrió que existía algún tipo de relación con nuestra propia historia, un año y medio antes de los ataques del 11 de Septiembre. Siempre se había dicho que era un problema que atenía a los estadounidenses, a los ingleses o a los españoles, pero nunca nada relacionado con nosotros. Sin embargo la sensación crecía, y todas estas observaciones y preguntas despertaron mi curiosidad. Así comencé con el trabajo de investigación. Me junté con el periodista que escribió el artículo, empiezo a mirar las grabaciones y este periodista me da una traducción incompleta. La leo y me parece interesante, y enseguida pienso “habría que leer todo para ver si lo que falta es tan interesante como esto”. Siguió entonces una traducción completa del material. Pero era tan complicado que sólo hacer esa traducción duro meses. Paralelamente, mientras se iba haciendo esta traducción yo seguía trabajando, seguía pensando, porque uno no se queda estancado sólo con la idea. Pensaba “bueno, hacemos todo este esfuerzo y después no hacer ninguna película…”. Definitivamente despertaba mi curiosidad. En algún punto descubrís que es un material muy interesante y que realmente valía la pena hacer una película con ello. Es allí cuando pensé en construirla basándose en la experiencia anterior de The Himmler project, que toma el discurso de Himmler en 1943 a los generales de la SS. Desde el primer momento entonces estaba seguro que hacer lo correcto implicaba centrarse en lo que se dice: tenía bien claro que no quería ningún actor que se disfrazara de Imán y que no iba a utilizar ningún tipo de material original o de archivo, porque no quería que el espectador comenzara a comparar mi propio Imán con el verdadero, porque no se trataba de la performance de mi actor en comparación con la performance del Imán, sino centrarse en lo que se dice. Por eso la idea era reconstruirlo en una puesta despojada, expresada por medio del video-lectura. Entonces pensaba si iba a utilizar al mismo actor de siempre o un actor más joven. Intenté hacerlo con actores más jóvenes pero no funcionó para nada, porque la estructura autoritaria que conlleva el texto no permite que ponga un actor de unos 30 años, sino alguien más asentado. Esa curiosidad y ese interés por hacer lo correcto del que hablabas antes, ¿podríamos pensarla como las ganas de sacar a la luz una verdad que hasta el momento permanecía en la oscuridad inaccesible? ¡Absolutamente! Eso se manifiesta principalmente en el hecho de leer todo el discurso, porque hay muchísimas emisiones en la televisión, muchísimos artículos en los diarios que hablan sobre esta cultura pero ninguna se concentra en lo que un Imán dice en una noche, salvo que hable árabe. Por lo tanto, esta es una posibilidad para los espectadores alemanes de informarse. Lo paradójico y lo que me resulta más interesante de esta experiencia es que no quieren informarse, solamente quieren saber que eso existe pero nadie realmente quiere comprometerse con el tema: todo el mundo habla durante todo el día acerca de la existencia del ‘terror islámico’, de esta cultura, pero a nadie realmente le importa involucrarse con el tema. Por lo tanto, la política está más avanzada que la población. El ambiente de la política se interesa mucho más por el tema que la población misma. Con relación a la cultura islámica, algo que realmente juega un rol importante es que nosotros siempre creemos que ya pasamos esa etapa de desarrollo, de descubrimiento y de aceptación. El periodo histórico del Iluminismo. Creemos entonces que la problemática de los actos terroristas reside en que ellos no pasaron aún por ese periodo, pero el problema como Mundo Occidental es que no hacemos nada para que la iluminación llegue a los otros pueblos. Voy a ser malicioso. ¿No tengo derecho a desconfiar de la veracidad de ese texto? En realidad esa “transparencia” se coteja en la calidad del texto en sí debido a la forma en cómo se realizó. Nosotros tuvimos diez traductores trabajando en la traducción de este texto, que es algo excepcional. En el caso de la policía u otras instituciones públicas que trabajan principalmente por la protección contra el terrorismo o cualquier otro tipo de ataques, es decir que se encargan de proteger la constitución justamente siempre lo que entregan son traducciones que están más relacionadas con el sentido, que no son traducciones hechas palabra por palabra como hicimos nosotros: una traducción fiel. ¿Qué significa esto? Que no hay ningún tipo de pre-selección, lo único que seleccionamos son dos charlas pero están completas y el espectador puede atravesar la experiencia de presenciarlas en la totalidad de su contenido, sin selección de pasajes específicos. En el caso del drama uno siempre selecciona lo mejor, lo que es más impactante, pero en el caso de Hamburg lectures, al trabajar también los pasajes que por ahí no son tan interesantes, aun cuando puedo dificultar mi propio proyecto debido a que puede generar tedio, estoy demostrando la confianza en el espectador y confianza en el propio trabajo. Y eso está demostrando la veracidad del texto, la rigurosidad con la que ha sido trabajado, la constatación de la fuente, porque ¿para qué voy a arriesgarme si no? En algunos pasajes también se puede escuchar la palabra en árabe, leída fonéticamente, entonces eso denota que nosotros lo tradujimos como estaba en la película, que no es la única manera de decirlo, entonces hay muchos elementos en los que se demuestra esto. Perfecto, pero insisto. Tenemos las imágenes del hombre llegando a la Luna que se ponen en duda, las imágenes de los ovnis, incluso las imágenes del horror de la Segunda Guerra Mundial que hay personas que las niegan… Quiero decir, existen muchos discursos respecto a la verdad y a la mentira en la imagen; por empezar es una construcción. Y en el caso de Hamburg lectures es más difícil aún, porque existe únicamente este material y esta única película. ¿Cómo sorteás la paradoja que no haya en la película una constatación de esa verdad? ¿Cómo confiar que lo que vos ponés en juego no está manipulado o tergiversado? Sinceramente no es un problema para mí, no es algo que me cuestione. Entiendo tu interrogante pero en realidad nunca nadie dudó de mi trabajo. En realidad vi los videos pero luego no quería que fuera algo escenificado, sino simplemente pensar la manera de hacerlo más real. Al fin y al cabo es un producto artístico, no estoy trabajando para el servicio secreto, y creo que el punto es que no invento nada, simplemente veo las cosas, veo lo que está hecho… seconda volta: veo algo que existe pero en una segunda vez desde distinto ángulo. Por eso no hay discusión respecto a si es real o no. The Himmler project la baso en el discurso de Himmler en 1943 a los generales de la SS que realmente existe y que desde el año 1945 forma parte de los procesos de Nüremberg. Por lo tanto, en cierto modo lo único que hago es mostrar todo lo que está en las actas, vuelvo a escuchar algo que él mismo grabó en el año 1943, y en diez o veinte años va a haber una persona que volverá a mirar esto y descubrirá otra cosa. Es de este modo en que los documentos se convierten en algo verdadero, porque uno se puede acercar a ellos si hay diferentes personas que los miran. En el caso del Imán es un poco más difícil porque no todos tienen acceso al video, pero las personas que frecuentaban la mezquita durante muchos años alquilaban esas cintas y ni siquiera la comunidad del lugar dijo “esto es una mentira”, no dijeron nada, se quedaron calladitos. En este sentido, creo que la problemática sobre “la verdad de la imagen” es una preocupación que, más allá de las diferencias en cuanto a abordajes, estéticas y estilos, alcanza a muchos de tus colegas alemanes como Harun Farocki, Alexander Kluge y Hartmut Bitomsky, entre otros. Es muy difícil. Obviamente conozco las películas de esos realizadores pero ninguna juega un rol más o menos importante que las películas de John Cassavetes o Lisandro Alonso, por ejemplo. Si estoy sentado acá en este café y miro a las personas, eso puede tener tanta influencia como las imágenes que miro en el cine. Está todo interrelacionado. También una pelea con los empleados del Hoyts puede crear una imagen o influenciar la creación de una imagen. Ahora bien, con relación a la construcción… Por ejemplo, a Alexander Kluge lo conozco muy bien (trabajé como su asistente de dirección) y desde hace muchos años, si hay algo que a los dos nos interesa es la puesta en escena documental. Alexander tiene muchos programas de televisión y en uno de esos programas televisivos mostró imágenes de mi película sobre Hitler, A friendship in Germany, y un día después de la emisión alguien lo llamó de una revista muy importante relacionada con la televisión y le dijo: “¡Guau! ¡Qué interesante! ¿De dónde sacaste este material original sobre Hitler?”. Pero en realidad no era Hitler, era yo con 19 años y patillas haciendo de. Eso es algo que realmente le gusta a Kluge, que alguien lo llame y le pregunte de dónde sacó el material original cuando en realidad no lo es. Siempre que pienso en eso no sé hasta que punto no es una historia que Kluge se inventó o si es algo que realmente sucedió. Ese es el tipo de relación que llevamos. En mi película sobre Hitler hay un epígrafe al principio que dice “todo lo documental es real y todo lo ficticio no es necesariamente falso”. Eso es algo que nos gusta mucho a ambos. Obviamente hay diferencias, Hamburg lectures y The Himmler project son productos artísticos pero no son inventos míos. Aquí hay que ser más cuidadoso, pues pude ser peligroso, ya que en Hamburg lectures estamos jugando con las vidas de las personas que participan en la película. Lo que nos lleva a pensar entonces en las fronteras entre documental y ficción… Siempre es un poco complejo. Por ejemplo, todo el mundo decía que Nightsongs era un poco falsa, mientras que Head-On (Gegen die wand, 2004) de Fatih Akin se percibía como real, aún con la representación de la sangre por ejemplo, que claramente es una construcción artificial. Sin embargo, para los espectadores eso no es algo falso, no es algo descabellado. Y aquí radica lo interesante en términos de tu pregunta con relación a la percepción. Todo lo que nosotros estamos habituados a ver asiduamente en cine, aunque esté creado y ficcionalizado, deja de ser artificio, pues está codificado, estamos acostumbrados, como esta sangre que salta hacia nosotros o la noche en cine: el público no la considera como algo artificial, mientras que mis películas sí. Por lo tanto, la conclusión es que si vemos algo muy seguido deja de ser artificial, porque funciona como una emoción verdadera, aunque paradójicamente se considera como una emoción verdadera porque la vemos muy seguido en el cine. Y en este sentido y como espectador, ¿cómo es tu relación con el cine? Cuando voy al cine veo de todo, voy a ver este tipo de películas o Ratatouille (2007, Brad Bird), porque en el fondo cuando hago mis películas lo que me interesa es lo que yo quiero hacer, lo que para mí es interesante, la manera que yo creo que es correcta para contar algo. En ese sentido, no me interesa lo que hacen los demás. Por lo tanto, me interesan muchas películas aún cuando no tengan nada que ver con la manera en que yo hago las mías. Lo que creo importante, es que más allá de si al público le gustan o no mis películas, es que es a mí al que realmente deben gustarme, porque si a mí me gustan y estoy convencido puede convencer al actor, puedo convencer al director de fotografía, puedo convencer al distribuidor, al productor. Y al público quizás, a veces les gusta, a veces no les gusta. Deathmaker tuvo mucho éxito, pero al principio mucha gente decía que no era cine, doce distribuidores decían eso. Pero después ganó un premio en el Festival de Venecia y Warner Brothers la estrena. Tuvo un gran éxito pero las otras películas no, por eso es difícil. Deathmaker se estrena en el ’95 y entre ese año hasta hoy, los hábitos de mirar han cambiado tremendamente en Alemania y en el mundo. Sam Shaw on John Cassavetes (1990) es otra de tus video-entrevista sobre la figura de este realizador para quien “conocer a la persona es conocer al actor”. ¿Cómo trabajás con los actores? Conozco las películas de Cassavetes y a través de esta experiencia que citás profundicé muchísimo en su forma de trabajo, en el que se juntaba con su grupo de actores los fines de semana y hacían picnics y que mantenían una relación de amistad muy estrecha, se frecuentaban constantemente. Pero no es mi caso, ya que hago muy pocas películas de ficción y no tengo un grupo formado de actores. Zapatka es la excepción. De todas maneras creo que las películas de ficción que realicé están concentradas en los actores. En inglés hay un término actors-driven, es decir, el actor es el foco. Siempre me esfuerzo por adaptar toda la técnica a los actores. Por lo general, en todas mis películas de ficción siempre hay ensayos antes de empezar con el rodaje -de diez a catorce días antes- en el que voy trabajando el guión. Trabajamos sobre los discursos, practicamos durante esas dos semanas y después de los ensayos vuelvo a trabajar sobre este guión, lo reescribo y de allí surge el guión final con las aportaciones de ese proceso, que es con el que filmamos. En el set de filmación veo cómo puedo transformar esas adaptaciones previas para pasarlas a la realidad, pero siempre tratando de mantener ese mismo espíritu que en los ensayos, siguiendo al actor más que nada. Mientras rodamos la película intentamos hacer la filmación cronológica, sin demasiados cortes. Si hay un actor que está actuando durante diez minutos dejamos que actúe y filmamos esos diez minutos. ¿Y particularmente como es tu relación con Manfred Zapatka? Es un actor con gran reconocimiento en Alemania, aunque no está tan involucrado con el mundo del cine a pesar de que aparezca mucho en televisión. Con Zapatka hicimos muchos trabajos y también dos grabaciones. Lo maravilloso cuando trabajamos es que siempre sé lo que voy a obtener de él, aunque lo anecdótico es que, fuera del ámbito de la filmación, no tenemos una relación privada muy estrecha. Creo que tiene un entendimiento especial para pasar a la realidad mis películas. Alguna vez alguien dijo que él tiene mi onda. En Hamburg lectures y The Himmler project lo que Zapatka logra con su arte es que en cierto modo me introduce a todo ese edificio de pensamientos, que refleja en esos personajes pero simultáneamente me permite seguir manteniendo esa visión o esa imagen de la arquitectura de la casa completa. Hay muy pocos actores que realmente puedan lograr esto tan sólo leyendo un texto. A decir verdad, cada vez que hago una película, si pudiera, lo incluiría. Sin embargo, el hecho que hayamos hecho tantas películas juntos nunca ha sido aprovechado por él: siempre llega para filmar como si fuese la primer película que rodamos juntos. Volviendo al tema de la “verdad de la imagen”. ¿Qué opinión te merece The specialist (Un spécialiste, portrait d’un criminal moderne, 1999) de Eyal Sivan? No me gustó, me parece fantástico que haya encontrado este material pero hay un problema central en su manera de armar la película: cuando él corta desde el estrado a Eichmann, utiliza reacciones que no necesariamente pertenecen a la misma situación, sino que utiliza reacciones de Eichmann del día 2 y la pregunta es del día 10, entonces tenemos la pregunta del 10 y la reacción de Eichmann puestas juntas y eso no es posible, no puedes hacer eso. Y lo hace en varias oportunidades durante la película y no está bien porque está cambiando la cualidad del ser humano. Creo que tienes que respetar al ser humano, incluso a Eichmann, aunque lo odies, ese es el trabajo del director: generar sentido y no un sentido impuesto. ¡Pero es una ficción! No, porque él sugiere como si no lo estuviese haciendo aunque en realidad si lo hace y es algo que no puede hacer, no es una manera abierta de llevar adelante algo y eso no tiene nada que ver con la ficción, esto es engañar al público. ¿Qué es la ficción entonces? Ficción es cuando uno no engaña al público diciendo que es ficción.
Acerca de Romuald Karmakar
Para más información acerca del realizador:
(1) Black Flag fue una banda de hardcore punk formada en 1977 en Hermosa Beach, California. El grupo fue concebido como idea de Greg Ginn: guitarrista, principal compositor y único miembro original tras los muchos y varios cambios que tuvo la banda a lo largo de su corta historia. Black Flag creó un sonido único a partir de mezclar la simpleza en bruto de los míticos The Ramones con tonos mas agudos y velocidades rápidas. Son considerados como una de las bandas más influyentes y que dieron lugar al hardcore punk, junto con Bad Brains y Minor treta, entre otras. (Volver) (2) Dead Kennedys fue una controvertida banda estadounidense de hardcore punk, surgida en la década del ‘70. (Volver) (3) Bad Brains es una banda musical estadounidense, nacida a mediados de los años ’70 del suburbio de Washington D.C., District Heights, Maryland. Aunque han experimentado con varios estilos y fusiones, son a menudo considerados como "la primera banda hardcore", al desarrollar un estilo rápido en contraste con las otras bandas pioneras del punk. (Volver) (4) Thomas Mann (Lübeck, 6 de Junio de 1875 - Zúrich, 12 de Agosto de 1955). Escritor alemán, nacionalizado estadounidense, es uno de los escritores más importantes de su generación; se dijo de él que fue el último gran novelista del siglo XIX. Mann es recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló acerca del alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX. Para ello tomó como referencias principales a la Biblia y las ideas de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer. (5) Günter Wilhelm Grass (n. Ciudad Libre de Dánzig, el 16 de Octubre de 1927), es un escritor y artista casubo y alemán, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1999 y el Premio Nobel de Literatura en el mismo año. Son múltiples sus compromisos en los campos del arte, la cultura, la política y los derechos humanos. En su novela A paso de cangrejo (2002), recuerda el destino de millones de alemanes que fueron víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Causó decepción, principalmente en la izquierda, su confesión al diario alemán “Frankfurter Allgemeine Zeitung” según la cual en su juventud perteneció a las Waffen-SS (SS es la abreviación alemana de Schutzstaffel, lo cual significa «Guardia de Protección» o «Cuerpo de Protección»). Hasta antes de esta confesión, se conocía que en 1944 ingresó al ejército como auxiliar de artillería y después sirvió como soldado. Grass asegura que su ingreso a las Waffen-SS no fue voluntario y fue destinado a los 17 años en Dresden, donde sirvió en la 10ª División Panzer SS Frundsberg de ese grupo de choque nazi. Ante estas revelaciones, Grass ha recibido fuertes críticas, por lo que ha sido defendido entre muchos otros por Volker Schlöndorff, por Salman Rushdie y, en parte, por Mario Vargas Llosa. (6) Kraftwerk ('central energética' en alemán) es un grupo musical vanguardista alemán decisivo para el desarrollo de la música electrónica. Formado originalmente por Ralf Hütter y Florian Schneider en 1970, adquirieron fama tras la incorporación de Wolfgang Flür y Karl Bartos. Las técnicas musicales y los instrumentos introducidos por ellos son hoy básicos, sin embargo, fueron realmente innovadores en su tiempo. Por las experimentaciones realizadas y por constituir la base sobre la que luego se asentó el género, son considerados como los padres de la música electrónica, ya que fueron los primeros en tocar música basada íntegramente en la utilización de instrumentos electrónicos. Adoptaron un estilo original, no restringido a la experimentación sónica. (Volver) (7) Bitburg-Prüm es un distrito de Renania-Palatinado, Alemania. Limita empezando desde el Este en sentido horario con Luxemburgo, Bélgica y los distritos alemanes de Euskirchen, Vulkaneifel, Bernkastel-Wittlich and Trier-Saarburg. (Volver) (8) David Samuel Peckinpah (21 de Febrero de 1925, Fresno, California - 28 de Diciembre de 1984, Inglewood, California), fue un director y guionista de cine, televisión y teatro estadounidense. Conocido especialmente por la controversia social que se generó a raíz de la violencia en sus películas -denostadas por los más conservadores, al entender que Peckinpah hacía una apología de ésta e incluso la banalizaba, y alabadas por el resto al percibir que la violencia era usada por el realizador como una depuración formal en busca de un ejercicio de estilo renovador y alternativo al canon narrativo más clásico-, forma parte del grupo de directores que hicieron remontar la industria hollywoodiense durante las décadas de 1960 y 1970. |
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