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Por debajo de las brasas, sobre el calor del ladrillo retiniano, el retazo cuenta por sí mismo. El poder de un instante, de un latido que goza de la belleza de las cosas inexplicables. Sensitivamente... sin diccionarios ni dogma de por medio... Solo la pantalla que imprime su luz incandescente en nuestros rostros y el sonido que con su cadencia conmociona al cuerpo... Momento único, intransferible, que de cuando en cuando, tratamos de materializar en palabra: un momento de condensación fílmica, de desgarro. Simplemente sangre... |