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Experimental

El realizador británico Grant Gee pertenece a una generación de artistas que, habiendo alcanzado prestigio en la industria de la música y el videoclip, incursionaron luego en la pantalla grande a través de sus singulares imaginarios alimentados por una inmensa capacidad y libertad creativa y narrativa. 

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Por Nicolás Aponte A. Gutter y Diego Cirulo.

 

Nota Relacionada: "Sueño e(s)téreo". Sobre Spooky: Found Sound (Grant Gee, 1996)

 


MÁS ALLÁ DE LA MÚSICA

(fecha de realización: Abril 2012) 

Diversas voces –que se pretenden calificadas– se empeñan en establecer absurdas clasificaciones con el fin de determinar ciertas divisiones jerárquicas que en el fondo poco importan. Una de ellas pregona que los realizadores de videoclips no son cineastas sino audiovisualistas al servicio de la industria de la música y el comercio. Escapando de estas generalizaciones, el tiempo demuestra lo contrario, presentando a grandes artistas como Michel Gondry, Chris Cunningham, Spike Jonze, Anton Corbijn, Samuel Bayer, Mark Romanek, entre otros, que a través de sus incursiones en la pantalla grande han quebrado definitivamente ese discurso, enseñándole al mundo su capacidad narrativa a través de una inmensa libertad expresiva.

El director británico Grant Gee es uno de esos casos, teniendo en su haber más de una veintena de obras de diversas duraciones y formatos que ya han rodado por todo el mundo. Reconocido en principio por desarrollar gran parte de su carrera en el campo del videoclip, el mismo Gee se anima a reconocer que algunos de sus trabajos para distintas bandas “no son buenos” y que fueron, en parte, una forma de ganar dinero. Su afición al cine experimental y al formato Super8 (preferido por muchos realizadores contemporáneos que buscan incesantemente encontrarse con la materialidad del cine) demuestra que este singular realizador explora otros caminos expresivos, alejados de estilos comerciales o convencionales, combatiendo a su manera el enorme sistema industrial del cual forma parte. Para demostrarlo alcanza con citar Spooky: Found Sound (1996), 400 anarchists (2002), o Meeting People is Easy (1998), entre otros.


Por Nicolás Aponte A. Gutter y Diego Cirulo
(Agradecemos especialmente la colaboración de Javier Sisti Ripoll para realizar esta entrevista y a Julio Fermepin por la interpretación)
Traducción de Florencia Lindenboim
Fotografías Entrevista de Delfina Montes de Oca +


 
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Para comenzar, quisiéramos saber cuál fue tu formación y cómo comenzaste a trabajar en el medio audiovisual.

Yo no me formé para esto, de hecho estudié Geografía. Realmente fue algo muy fortuito. Trabajaba en una licorería en Londres, más precisamente en el Soho –que es el lugar donde se encuentran todos los estudios cinematográficos– y hacíamos entregas a las productoras de por allí. Cuando llegábamos al estudio a dejar la mercadería nos abría la puerta un chico –ese que comúnmente llamamos runner (che-pibe)– y yo siempre le decía que preferiría tener su trabajo antes que el mío. Un día ese chico me dijo que él se estaba por ir y que tal vez a mí me gustaría reemplazarlo. Así fue como empecé. 


En una de tus presentaciones en el festival comentaste que te formaste leyendo libros de cine experimental(1). ¿Qué te llevó a esa lectura tan particular y cuáles fueron los autores que te inspiraron para luego desarrollar tu obra?

Siempre me gustó jugar con las cámaras y en esos primeros años de trabajo en la productora formé parte de una producción donde se usaba mucho el Super8, un formato que me encantaba, me fascinaba. Conseguí una de esas cámaras y durante seis años filmé muchísimo en la calle, aquí y allá, donde sea. Fue entonces que me empezaron a interesar los realizadores under que utilizaban formatos como el Super8 y 16mm: clásicos como Stan Brakhage(2), Jonas Mekas(3), también Peter Kubelka(4), que fue muy influyente e importante para mí.

Con relación a los libros, tres particularmente me marcaron: Independent Filmmaking de Lenny Lipton, un libro realmente fantástico. Luego, Materialist Film de Peter Gidal y Visionary Film de P. Adams Sitney. Esta fue la educación informal que recibí mientras que la formal fue trabajar en una producción muy interesante financiada por MTV, una serie llamada Buzz que era un show video-documental-musical al estilo collage cyber-punk, donde también estaban William Burroughs(5), Willy Gibson(6), Timothy Leary(7) y todas esas personas geniales relacionadas con videos musicales. Esta experiencia fue realmente genial. 


En este sentido pienso en Patience (After Sebald) (2012), tu última película documental donde te alejás por completo del universo musical para enfocarte en el escritor W. G. Sebald(8), particularmente en su libro Los anillos de Saturno (1995). ¿Cómo fue trabajar por fuera del ambiente musical por primera vez en tu carrera?

…(After Sebald) es el tipo de cosas que siempre creí que en realidad iba a hacer. En los documentales de música o en los videoclips es muy difícil todo porque el dinero proviene de las discográficas o de personas que invierten en las bandas, de manera tal que siempre hay una extraña presión sobre la promoción y demás. En la industria musical pasa eso y es algo muy extraño, nunca fue una experiencia feliz, aunque particularmente con Radiohead fue diferente, estuvo bien con ellos porque tenían mucho control sobre el asunto.

Con …(After Sebald) lo que pasó es que fui yo mismo quien lo propuso, yo mismo lo filmé, entrevisté a la gente y lo edité. Era la película que yo quería hacer. Igualmente me encanta hacer videos musicales, siempre disfruté de hacerlos, pero la diferencia fundamental es que esos proyectos siempre me llegaron, vinieron hacia mí, no fue algo que buscara, surgieron a raíz de pedidos. Me preguntaban “¿Querés hacer esto?”, “Sí” decía yo, y lo hacía, pero en el medio siempre estuvieron estas cosas que me interesaban particularmente a mí, que tenía ganas de hacer y que no eran videos musicales. Entonces pedía un poco más de plata para hacer esto o aquello y me decían “¡No!”. Así que tenía que esperar a tener un poco más de dinero en la cuenta hasta lograr reunir unas mil libras (16.000 dólares estadounidenses), entonces iba y me lo gastaba en rollos de película. Así que …(After Sebald) fue un placer porque fue la primera vez que logré reunir algo de dinero para hacer un largometraje.


Lo peculiar es que de los trabajos por encargo hiciste una carrera…

Es No tanto, porque Meeting People is Easy  la realicé en 1998 y Joy Division (2006) nueve años después, así que no creo que sea una carrera. Durante todo ese tiempo estuve realizando pequeños proyectos experimentales que tienen más que ver con lo que imaginé que sería realmente mi carrera, más cercanos a lo que es mi trabajo. Por otra parte, también existe una cuestión económica que es muy sencilla: al hacer una película sobre Radiohead uno sabe que va a haber millones de personas interesadas en querer verlo. En cambio, al hacer un cortometraje sobre la fotografía del Siglo XIX(9), por ejemplo, habrá, a lo sumo, mil personas interesadas en el tema, de manera que… uno tiene que ganarse la vida, ¿no? Igualmente, ¡a mí me encanta esa música! Pero en cuanto a lo que es trabajar en esas películas, no tiene nada que ver con lo que me haya imaginado alguna vez que terminaría haciendo. Y como decía antes, nunca busqué una cosa así, nunca perseguí ese sueño, simplemente vino hacia mí. 


Documentales, videoclips y cortometrajes experimentales. ¿Con qué formato te encontrás más a gusto para expresar tu imaginario?

Los videoclips fueron meramente una forma de ganarme la vida, de ganar dinero. Es un mundo realmente diferente. Hice videoclips por siete años aproximadamente, desde 1998 hasta 2005. Fue un buen modo de ganar dinero, aunque mucho de lo que hice no fue bueno ni de calidad. Respecto a los cortometrajes y a los largometrajes documentales para mí son lo mismo: dependiendo de la cantidad de dinero con la que uno cuente se pueden hacer de una determinada duración o de otra. Uno comienza con algo que se vuelve una obsesión y ni bien consigue algo de presupuesto para realizarlo empieza a trabajar en ello. Pero es realmente difícil conseguir dinero y financiación para cualquiera de los dos formatos. Incluso para Joy Division fue muy difícil… solamente sucedió porque los productores eran muy ricos y pusieron todo el dinero.


Y con relación al trabajo con las bandas en particular, sobre todo pensando en Meeting people is easy y tu cercanía con Radiohead. ¿Trabajaste con ellos para pensar cómo se iba a desarrollar el documental?

No los conocía antes de realizar el documental, nunca los había visto. La compañía discográfica me pagó para que fuera tres días a encontrarme con ellos y conocerlos. Los conocí y estuve con ellos durante esos tres días, filmándolos. Así que charlamos, la pasamos muy bien, y me pareció muy interesante realmente. Luego de esos primeros tres días volví y escribí algunas cuestiones: pensé que si la vida que ellos llevaban continuaba así por el resto del año se iban a volver locos. Entonces, creí que si seguía filmándolos podía llegar a ser algo muy bueno, que finalmente iba a resultar algo muy interesante. Escribí entonces algunas escenas que podrían suceder, que inventamos. Así que fue una relación que surgió en base a realizar el film, no fue algo preexistente. Después de eso nos hicimos amigos.

Y con relación al trabajo en sí… ¡libertad absoluta! Yo les contaba lo que quería hacer y estaba todo bien. Luego vinieron a la sala de edición un par de veces, vieron el material, conversamos algunas cosas, pero nunca dijeron “eso sí, eso no”, ni objetaron nada. Solamente dijeron “quizás… esto puede ser…”. Sólo eso. Realmente fue una experiencia fantástica. ¡Radiohead es la mejor banda del mundo y tuve el mejor trabajo del mundo! Una imagen que permanece en mi memoria es la segunda vez que fui al rodaje, en Filadelfia. Yo estaba ahí –solo, sin los fotógrafos ni nadie– con una pequeña camarita hogareña y, de pronto, así como así, Thom Yorke comenzó a cantar Creep delante de mí, a tan sólo unos pocos metros y… qué puedo decirte… ¡Fue fantástico! ¡Absolutamente genial! Y había una energía extraordinaria, eso es algo que se puede ver perfectamente en la película. Fue maravilloso.


En Meeting people is easy existe una línea que la recorre que se liga directamente con los sistemas de control y opresión en las ciudades, encontrando su máximo exponente en los momentos donde aparecen las cámaras de seguridad y de registro. ¿Cómo se relaciona con OK Computer, que es en parte una aceptación de la tecnología, contraponiéndose con lo que Radiohead siempre ha promulgado con relación a los sistemas globales?

Es cierto, tenés razón. Por la situación en la que estábamos se hablaba sobre las disqueras y los periodistas, pero el tema es mucho más que eso. El propio álbum tiene que ver con el estar atrapado en la maquinaria. Y esa maquinaria puede ser la ciudad, una computadora, el capitalismo, la disquera… lo que cada uno quiera. Es un punto de vista paranoico: uno se vende a las grandes fuerzas y a la vez quiere liberarse de ellas. De alguna manera es un punto de vista muy romántico acerca del mundo, y si ese álbum y ese documental se hubieran hecho hace cien años tendría canciones contra la Iglesia, sobre los demonios, etcétera. Se trata de liberarse del control en un sentido contemporáneo. En general, siempre tuve una especial simpatía por las personas que intentan romper esos sistemas. 


¿Y podemos encontrar una relación entre esa opresión retratada en Meeting people is easy y el documental Joy Division?

No estoy seguro, pero es interesante que tanto Thom Yorke como Ian Curtis son fanáticos de la ciencia ficción y de J. G. Ballard(10), un notable escritor que fue muy significativo para ambas bandas. Y si piensan en los mundos que él crea, a la vez reales y de ciencia ficción… Yo me puedo imaginar perfectamente a Radiohead y Joy Division tocando en esos mundos distópicos que, si bien no son reales, tampoco están muy lejanos a la realidad. Ambas bandas no están muy politizadas, no hablan sobre política. Thom lo intenta pero no lo logra…  es más bien un hippie.


¿Y que podrías decir de Ian Curtis?

Ian Curtis era alguien muy conservador en su vida y ese espíritu alocado provenía de la represión, y no tanto de querer hacer una revolución. No era expansivo, ese movimiento en su cuerpo… ¡No es Jim Morrison! Es más bien lo contrario y por ello no me siento para nada cerca de su punto de vista. Lo catártico en el rock and roll es muy fuerte en Joy Division. Es como  querer sacar algo hacia afuera…


Yendo un poco a la cuestión formal, trabajás mucho con la cámara en mano. ¿De dónde surge esa preferencia y qué te brinda como forma de expresión?

Probablemente la diferencia para mí entre los diferentes tipos de trabajo radica en si soy yo mismo quien filma o si tengo un equipo al cual indicarle qué hacer. Si soy yo el que sostiene la cámara, se vuelve definitivamente personal. A mí me encanta jugar con la cámara, y si la estoy sosteniendo yo mismo, viendo a través de, inmediatamente empieza a ser algo parecido a tocar la guitarra o escribir. Si por el contrario estoy dirigiendo a otra persona que lo hace para mí, se convierte en algo parecido a manejar. Sería un trabajo que tiene más que ver con indicar y dirigir a otro, más al estilo “Vas bien, vas bien, OK” en lugar de “Uy, a ver, me interesa esto… voy por acá”.


Como sucedía en tus comienzos con las cámaras Super8…

Sí, exacto. Nunca me gustaron las cámaras que te ponés al hombro. Y cuando son trabajos grandes tenés que usar esas… pero con una banda como Radiohead, por ejemplo, todo sucede demasiado rápido así que no podés poner la cámara en un carro de travelling. Si las cosas están quietas y no se mueven entonces sí podés usar un trípode, pero si las cosas tienen movimiento, si están vivas… por ejemplo, si quiero filmarlos a ustedes tres, ¿dónde pondría el trípode? Mejor usar una cámara en mano e ir moviéndome. Con el movimiento uno puede ser más rápido, casi tan rápido como los pensamientos que van surgiendo.


¿Y para estos trabajos realizás un trabajo previo de investigación o trabajás con el registro y después el montaje es el que manda?

En general investigo mucho antes de empezar a rodar. Luego me aparto y trato de ponerme con la mente en blanco, libre de información a la hora de filmar, de modo tal que todo sea acción y dejarse sentir. Luego, al editar, vuelvo a ponerme a pensar. Nunca planifico nada en realidad, más allá de decir “Necesito ir allí por esta cantidad de tiempo”, etcétera. 


Otro de los rasgos que atraviesa gran parte de tu obra es el trabajo con texturas y sobreimpresiones.

La cuestión de las texturas puede deberse quizás a que mi proceso de aprendizaje fue con Super8 y con 16mm, en donde uno puede sentir la materialidad del fílmico: lo pintás, lo marcás, lo rasguñás. Es un material concreto y siempre me maravilló. Con la cámara digital y el video uno no puede sentir esa materialidad. Ahora, con respecto a las sobreimpresiones no puedo decir que fue algo consciente, pero si sé que al igual que en la conciencia nunca se piensa una sola cosa, siempre está lo que uno ve y a la vez lo que uno piensa, lo que uno siente, etcétera. De manera que la sobreimpresión es una forma de combinar al mismo tiempo la recepción de algo y el pensamiento sobre ese algo. Es la percepción y la reflexión a la vez, simultáneamente. 


En definitiva, uno nunca piensa una sola cosa a la vez…

Es una de las cosas maravillosas que posee el acto de filmar: a diferencia de otros artes, varias cosas suceden en simultáneo. No sucede, por ejemplo, con el idioma o con la escritura. Uno no puede escribir una cosa sobre otra. Es algo parecido a la música donde se pueden superponer una guitarra con un teclado, por ejemplo. Se pueden poner dos imágenes diferentes una sobre la otra, y no se trata de confundir a nadie, si no que una es como el teclado y otra es como la guitarra y al ponerlas juntas se vuelven otra cosa. 


Tus tres largometrajes retratan distintas personalidades de la cultura y el arte. ¿De dónde proviene esa motivación?

Mis trabajos tratan de obras de arte o personas que me conmueven y cómo esas obras de arte o personas pueden ser maneras de liberarte, porque tu relación con esas obras de arte o personas genera libertad en tu conciencia.  

 

Acerca de Grant Gee

Nació en Plymouth, Inglaterra, en el año 1964. Estudió Geografía en las Universidades de Oxford e Illinois. Desde el año 1990, y de manera casi accidental, se dedica exclusivamente al medio audiovisual, desarrollando su carrera en distintos rubros como la fotografía, cámara y realización. En 1996 dirigió el cortometraje experimental Spooky: Found Sound, primera obra de su autoría que, además, fue exhibida en el Centro Georges Pompidou de Francia. A partir de allí su carrera tomó un camino ascendente que derivó en la realización de diversos videoclips, documentales y cortometrajes experimentales. Fue nominado dos veces al premio Grammy: en el año 1997 por Meeting People is Easy (1996), documental que retrata la gira Ok Computer de la banda británica Radiohead; y por Demon Days (2000), material sobre la banda animada Gorillaz. Además del ya mencionado Meeting people is easy posee otros dos largometrajes documentales: Joy Division (2006) y Patience (After Sebald), este último destacándose por el corrimiento del autor hacia una temática por fuera de la música.

Entre sus videoclips se destacan Perfect Symmetry (2008), de Keane; Nature boy (2004) de Nick Cave and the Bad Seeds; Belong (2002) de Spooky; Devils’ New (2001) de Sparklehorse; Shiver (2000) de Coldplay; Tender (1999) de Blur; No surprises (1998) de Radiohead; entre otros.


 
Notas al Pie

(1) En una de sus presentaciones en el 14º BAFICI, Gee realizó una breve introducción a su cortometraje (Mr.) Fred Zentner's Cinema Bookshop Was Here (2005).  Allí explicó la importancia del tema específico que trataba, pues la película narra la desaparición de una librería británica especializada en cine, base de la formación de Grant Gee en su juventud. (Volver)

(2) Stan Brakhage. Cineasta norteamericano nacido en 1933, fue uno de los más influyentes realizadores experimentales de su generación. Es significativo su trabajo directamente sobre el soporte fílmico mediante ralladuras (scratching) y la ausencia total de banda sonora. Películas como Dog, Star, Man (1962), Anticipation of the Night (1958), Eye Myth (1967), The Stars Are Beautiful (1974) dan cabal cuenta de su basta obra que abarca más de trescientas películas donde la experiencia de contemplación cenestésica cobra vital importancia para la apreciación de su trabajo. (Volver)

(3) Jonas Mekas. Cineasta norteamericano nacido en Lituania en 1922 y emigrado luego de la Segunda Guerra Mundial. Máximo referente del cine norteamericano experimental, no solo ha realizado un aporte significativo a la historia del cine con sus películas como diarios, notas, apuntes tales como Walden (1969), Lost, Lost, Lost (1975), Reminiscences of a Journey to Lithuania (1972) o As I Was Moving Ahead, Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (2001)  sino que también funda la cooperativa The Film Makers en la década del ’60 dando lugar a la producción y exhibición de muchos de los artistas experimentales de aquel momento. También desde la crítica cinematográfica en revistas como Film Culture, o The Village Voice daba apoyo con sus elogiosas críticas a las películas de estos cineastas que encontraron en la figura de Mekas una suerte de mecenas que congregó, mediante las actividades que realizaba, a todo un movimiento. (Volver)

(4) Peter Kubelka. Cineasta austríaco nacido en Viena en 1934. Tuvo un rol vital en la conformación del movimiento estructuralista o cine métrico, desde la vanguardia austríaca de la década del ’50. En 1957, realiza Adebar, con un enfoque absolutamente matemático del montaje y la duración de los planos, estilo que continuó indagando con Schwechater (1958). En la década del ’60, Kubelka vuelve a ser pionero pero esta vez dentro del subgénero de películas en donde el efecto parpadeante o estroboscopico inducía al espectador a arribar a estados de trance mediante la descarga subliminal que dicho efecto produce en la percepción. Su película paradigmática fue Arnulf Rainer (1960). Por otra parte, Kubelka se ha dedicado también a la teoría y a la docencia en diversas universidades del mundo. (Volver)

(5) William Seward Burroughs (San Luis, Misuri, 5 de febrero de 1914 - Kansas, 2 de agosto de 1997) fue un novelista, ensayista y crítico social estadounidense. Tras un periodo terriblemente autodestructivo durante los años cincuenta tras una primeriza incursión en la literatura pulp (es el caso de Yonqui), se dedicó a partir de los sesenta a escribir con bastante continuidad. Su obra tiene una importante carga autobiográfica, y en ella se plasma su adicción a diversas sustancias, como la heroína. La experimentación, el surrealismo y la sátira constituyen, además, algunos de los elementos más destacados de sus novelas. (Volver)

(6) William Ford Gibson, (17 de Marzo del 1948) es un escritor de ciencia ficción estadounidense, considerado el padre del cyberpunk. Gibson es conocido sobre todo por su novela Neuromante (1984), precursora del género cyberpunk y ganadora de los premios Hugo y Nébula. También es el popularizador del término ciberespacio para denominar el espacio virtual creado por las redes informáticas. Junto con sus continuaciones Conde Cero (1986) y Mona Lisa acelerada (1988) forman lo que se ha denominado la Trilogía del Sprawl (o del ensanche). En la misma línea estética ha escrito otra trilogía (conocida como Trilogía de Yamazaki o Trilogía del Puente) formada por las novelas Luz virtual (1993), Idoru (1996) y Todas las fiestas del mañana (1999), además de algunos cuentos entre los que destacan Quemando Cromo (1981) y Johnny Mnemonic (1982). Su última novela Mundo Espejo (2003), abandona la temática ciberpunk para abordar un tecno-thriller con elementos muy actuales. (Volver)

(7) Timothy Francis Leary, Ph.D. (n. 22 de octubre de 1920, en Springfield, Massachussets, Estados Unidos – 31 de mayo de 1996, Los Ángeles, California, Estados Unidos) era escritor, psicólogo, y entusiasta de la investigación y uso de drogas psicodélicas. También fue una de las primeras personas cuyos restos fueron enviados al espacio por petición propia. Fue un famoso proponente de los beneficios terapéuticos y espirituales del uso de la LSD. (Volver)

(8) Winifred Gerog Maximilian Sebald. Escritor y profesor alemán nacido en Baviera en 1944 y radicado en Inglaterra hasta su muerte en 2001. Tan sólo tres novelas como Vértigo (1990), Los anillos de Saturno (1995) y Austerlitz (2009) –y un puñado de libros de poemas y relatos– bastaron para consagrar a Sebald en el ámbito literario mundial. Con un estilo de mixtura entre la crónica de viaje, el ensayo, el reportaje y la inclusión de imágenes ilustrativas, la narrativa de Sebald diluye los límites entre la ficción y la no-ficción. (Volver)

(9) Se refiere a su cortometraje 400 anarchists (2002), donde relata el paralelo que existe entre el final del siglo XIX y nuestro presente mediante la creación del registro de las huellas digitales y la fotografía en comparación con los sistemas de digitalización y archivo de hoy en día. (Volver)

(10) James Graham Ballard, escritor británico de ciencia ficción nacido en Shangai en 1930 y fallecido en Londres en 2009. Durante la Segunda Guerra Mundial fue encerrado junto con su familia en un campo de concentración japonés, experiencia que relataría en su obra El imperio del sol, propuesta para el Booker Prize, ganadora del Guardian Fiction Prize y que más tarde llevaría al cine Steven Spielberg en la película homónima. En el campo de la literatura desarrolló distopías, como describen un gran número de sus escritos. Entre sus novelas y recopilaciones de cuentos se destacan: The Complete Short Stories of J. G. Ballard (2001); Fuga al paraíso (Rushing To Paradise, 1996); Noches de cocaína (Cocaine nights, 1994); La bondad de las mujeres (The kindness of women, 1991); El imperio del sol (Empire of the Sun, 1984) (adaptación cinematográfica de Steven Spielberg, en 1987); Hola, América (Hello America, 1981); Crash (1973) (adaptación cinematográfica de David Cronenberg, en 1996); Zona de catástrofe (The disaster area, 1967); El hombre imposible (The impossible man, 1966); La sequía (The drought, 1964); El mundo sumergido (The Drowned World, 1962); El huracán cósmico o El viento de la nada (The wind from nowhere, 1962); entre otras. (Volver)

 

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