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Leer o ver una obra de terror es frecuentemente adentrarse en los miedos, las obsesiones y los terrores de una época histórica. Si Poe presagió los horrores y los escombros de la modernidad, Corman da cuenta de un momento ideológico de crisis del capitalismo y de la ideología burguesa.
Por Adrián Melo y Natalia Taccetta.
CINE, LITERATURA Y REPRESENTACIONES SOCIALES: LOS MIEDOS DE EDGAR ALLAN POE Y ROGER CORMAN Por Adrián Melo y Natalia Taccetta  clickear arriba de las fotografías para ampliar
1 Es indudable que uno de los motivos principales por los cuales la obra de Edgar Allan Poe (1809-1849) sigue fascinando a los cientistas sociales es porque supo plasmar, en gran parte de sus relatos, los miedos y las obsesiones de la modernidad. Prematuramente, sus cuentos captaron la atención de los cronistas paradigmáticos de los cambios sociales que trajeron aparejados los tiempos modernos. Así, se remitieron a él figuras tales como Charles Baudelaire o George Simmel. Jacques Lacan dedica un seminario a La carta robada (1956), donde descubre un potencial revelador para problematizar las nociones de sujeto y significante. O Walter Benjamin, que llega a Poe por El hombre de la multitud (The man of the crowd, 1840), donde se trabajan las sensaciones producidas por las ciudades como París en el siglo XIX. Se dijo de su obra que relata la atroz verdad del siglo XIX o que revela sus ensoñaciones más terroríficas. Adorno adjudicó a Poe el papel del visionario, “el faro de todos los modernos”. En todo caso, sus relatos horrorosos develan algo de la mala conciencia de la modernidad. | Peter Lorre en Cuentos de terror (Tales of terror, 1962) |
Por su parte, el cineasta Roger Corman, que realizó adaptaciones cinematográficas de varios de los relatos de Poe, filmó sus películas en la década sesenta del siglo XX, también llamada “nuestros años sesenta”, en un contexto histórico en el que circulaban en la sociedad imaginarios sociales críticos que ponían en tela de juicio el orden y la moral en la cual se asienta el capitalismo y que daban lugar a nuevos sueños de liberación social. Este trabajo parte de la idea de que tanto la literatura como el cine, aún dentro del marco de referencia de la ficción, no quedan liberadas del acontecer del contexto socio-histórico en el que surgen como formaciones discursivas y en el que se insertan con implicancias políticas e ideológicas. Es decir, no pueden impedir que lo real se filtre en sus relatos como el invitado no deseado, no pueden dejar de captar -asimilando, criticando o simplemente reproduciendo- los saberes de la época histórica en que surgieron; las ideas, los sueños, los amores y los odios, los prejuicios, los enunciados del poder, los imaginarios sociales circulantes y aquella constelación imprecisa de sentidos y prácticas, valores o prejuicios tal como se los vive y siente activamente y que Raymond Williams conceptualizó como estructuras de sentimientos. En este sentido, leer o ver una obra de terror es frecuentemente adentrarse en los miedos, las obsesiones y los terrores de una época histórica. Siguiendo este criterio, intentaremos visualizar cómo ciertas fobias sociales de finales del siglo XIX y de la década del sesenta del siglo XX pueden leerse y analizarse en algunos cuentos de Poe y en la interpretación que hizo de ellos el cineasta Roger Corman. La idea subyacente es que si Poe presagió los horrores y los escombros de la modernidad, Corman da cuenta de un momento ideológico de crisis del capitalismo y de la ideología burguesa.
2 Frecuentemente, obras de Poe tales como La caída de la casa Usher (The fall of the house of Usher, 1839) o La máscara de la muerte roja (The masque of the red death, 1842), entre otras, son analizadas a la luz de un momento de transición desde formas premodernas hasta la eclosión de la modernidad. En todo caso, la consolidación en el siglo XIX del nuevo orden burgués y capitalista no está exenta de la aparición de los fantasmas del pasado feudal. Si los castillos se resquebrajan y derrumban, aplastando a nobles decadentes entre sus escombros, probablemente enfermos de depravación sexual o incesto, con la sangre otrora azul ahora infectada por el vicio, Poe los hace regresar como espectros a saldar sus cuentas. Y si el viejo orden se derrumba, lo que deja en su lugar no es demasiado auspicioso: el hombre de los negocios o el hombre de la multitud. En estos dos relatos, verdaderos ensayos de sociología, Poe da cuenta de cómo los cambios en los modos de producción capitalista y su correlato, la gran ciudad, influyen sobre la manera en que las personas viven, sienten y aman. El hombre de los negocios (The business man, 1840) puede leerse como una burla al triunfo del espíritu racionalista, ávido de dinero y especulador. En su comentario a El hombre de los negocios, Ronaldo Menéndez dice: “Un hombre afirma ser un gran negociante, y a continuación nos va dejando su singular currículo: se ha dedicado al arte de hacerse golpear para pedir indemnizaciones, a barrer las calles con el propósito de ensuciar a los transeúntes, a fungir de organillero desafinado cuanto sea necesario a fin de que le paguen para que deje de tocar. O sea, lo absurdo, lo inconcebible, aparece desde las primeras líneas de este cuento expuesto con la mayor naturalidad del mundo. (…) El humor ante las situaciones esperpénticas o inconcebibles rezuma en este cuento de Poe, en su lenguaje y en los “casos” que agotan la trama.”(1) | La máscara de la muerte roja (The masque of the red death, 1964) |
En El hombre de la multitud, por su parte, Poe describe con maestría la multitud que circula, se empuja y sigue su camino por las calles de Londres. Distingue las innumerables variedades de figuras, vestimentas, apariencias, actitudes, rostros y expresiones según las diferentes profesiones y clases sociales: abogados, comerciantes, gentilhombres, traficantes y agiotistas; eupátridas y gente ordinaria de la sociedad; empleados menores de las casas ostentosas; jóvenes de apostura oficinesca, viejos tranquilos y jugadores profesionales y también a “esa especie de carteristas elegantes que infesta todas las grandes ciudades”. A medida que los resplandores del gas ganan la victoria contra las luces del día, se retira el sector ordenado de la población y se adueña de las calles el lumpenproletariado, los sectores más ásperos, borrachos, mendigos y prostitutas. Poe se detiene en un viejo que deambula todo el día por la ciudad porque se niega a estar solo. Un fenómeno únicamente posible en el mundo de la modernidad, en el que se vuelve frecuente la soledad en la multitud. Y con ella, el secreto que Poe encuentra como principio creativo, la seducción de lo que se desconoce y de lo que se oculta. La otra cara de la modernidad son también los crímenes, plasmación de los vicios privados ocultos por las virtudes públicas. Es el eterno retorno de la barbarie que vuelve a cobrar sus víctimas en la civilización. Es el gorila que mata a la pareja de ancianas en Los crímenes de la calle Morgue (The murders in the rue Morgue, 1841) o el brutal asesinato de una joven en El misterio de Marie Roget (The mystery of Marie Roget, 1843). En Los crímenes…, se condena a dos mujeres a una muerte sangrienta y a una vida sin belleza que funciona más como un interrogante o en el que “el horror del asesinato pierde fuerza ante la fascinación del enigma, y a la manera en la que Dupin enlaza datos.”(2) Sus vecinos temen por sus propias vidas y ellas se convierten en entretenimiento de los perspicaces. En El misterio de Marie Roget, Dupin se sirve de recortes de periódico para elucubrar el caso. No va a los escenarios del crimen ni se entrevista con posibles sospechosos, sino que sólo realiza una lectura sesuda de las noticias deviniendo detective distante y “más intelectual que nunca”.(3) El hecho de que en ambos cuentos los informes de la prensa diaria sean elementos de trabajo para el detective Dupin, dan cuenta también de los nuevos tiempos y del papel preponderante y acuciante de los medios de comunicación en las nuevas sociedades.
3 ¿Qué hizo el cineasta Roger Corman con los miedos de Poe? Se dice que generalmente sus películas captan el espíritu de las obras del escritor norteamericano. Sin embargo, vale la pena detenerse en los cambios que introducen sus trasposiciones porque en ellas se visualizan ciertos tópicos del capitalismo avanzado de la década del sesenta. En gran parte de los filmes de Corman sobre Poe, se repite un esquema similar: un hombre o una mujer llegan a una casa a desentrañar un secreto o a buscar el amor. Se instalan como huéspedes aún a pesar del dueño de casa que dista de mostrarse hospitalario, pues, con su presencia, trastornan y hacen caer las estructuras que sostenían un determinado orden. | La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960) |
En la interpretación de Corman de La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960), el camarada innominado de Roderick Usher del relato de Poe se transforma en Philiph Wintrop, el prometido de Madelaine Usher: Philiph viene a rescatar a su novia de las sombras, de los miedos interiores y de la relación opresiva que la joven mantiene con su hermano y con la mansión. Como en todos los filmes de Corman, que parecen hechos en un mismo decorado, la arquitectura laberíntica, las puertas interminables, las criptas familiares y los pasadizos secretos encubren represiones y misterios, algunos de los cuales llegan a desvelarse. La tarea del huésped es, casi siempre, la de abrir esas puertas y los secretos que ellas ocultan, al mismo tiempo que lo hace el espectador. El tiempo perentorio de todo relato clásico es aquí el de la casa Usher que se resquebraja a cada paso y Wintrop debe salvar a Madelaine antes de que las estructuras caigan sobre ellos. ¿Cuál es la culpa que pesa sobre la familia Usher? Se insinúa una relación de incesto, se habla de un mal en la sangre. Pero a ciencia cierta, lo que se llega a descifrar es que la raza Usher está maldita merced a los pecados de los ancestros: ladrones, usureros, traficantes de carne, ladrones de joyas, asesinos, chantajistas, mercaderes y traficantes de esclavos. La riqueza de los Usher parece asociarse al capitalismo incipiente de la acumulación originaria y a la usura más parasitaria. Es ese el mundo que se hunde merced a la naturaleza que vuelve a cobrar su venganza. El lago, como en el cuento de Poe, se traga a la casa. El lago que, en el film de Corman, habla de un tiempo idílico, evidentemente anterior a la civilización en donde la naturaleza era bella y fecunda y daba a los hombres lo que ellos necesitaban para el sustento. En el relato de Poe, Usher es “un Quijote defectuoso y un lector deforme y contaminado por sus libros. Un poeta para el cual toda epifanía se basa en la devastación, en las sutiles versiones de lo corrupto, en el tedio vital de creerse el fraseo final de una genealogía que termina de extinguirse”.(4) En el film de Corman, Usher es el sobreviviente de un “linaje maldito” tal como el mismo Roderick lo caracteriza, que sabe, de algún modo, que está cerca su final. En la primera parte de Historias extraordinarias (1973)(5) -cuyo título es Morella(6)-, Eleonora, la hija de Morella, viene a reencontrarse con su padre a quién no ve desde hace veinticinco años y su regreso despierta a su madre (Morella) de la tumba. El castillo termina incendiándose y consumiendo a todos en el fuego. Tópicos que se ven también en El pozo y el péndulo (The pit and the pendulum, 1842), donde un joven inglés, Francis Barnard, llega al castillo de su cuñado Nicholas Medina, para investigar la causa de la muerte de su hermana Elizabeth. Su visita tendrá el saldo de dos muertes y una mujer enterrada viva. En ambos relatos, Poe deja ver algunas de sus preocupaciones: “¿qué pasa con el ser humano después de la muerte?” parece preguntarse. Su respuesta es bastante clara: el cuerpo desaparece sin duda pero el espíritu regresa en formas espectrales. De esto modo, los clichés góticos, las resonancias románticas y los frecuentes fantasmas de Poe abren su literatura a la dimensión filosófica.
| Lo que conquistó el mundo (It conquered the world, 1965) |
El filósofo francés Jacques Derrida, que también escribió sobre Poe, desarrolló una teoría del huésped y la hospitalidad en Occidente. Para el filósofo, la cuestión del huésped ligada siempre a la cuestión del otro, del extraño o del extranjero, supone siempre un problema, en tanto el huésped, con su mera presencia, cuestiona al anfitrión, al dueño de casa en tanto sujeto. Esa parece la verdadera función del huésped: interpelar y cuestionar los saberes, las certezas y legalidades, los atributos y las supuestas propiedades del que se presenta como “dueño” del espacio. El anfitrión sabe los riesgos y la vulnerabilidad a la que se somete frente al otro y por ello se apresura a promulgar la ley, las leyes de la estadía en la casa. Ello hace que la hospitalidad sea un fenómeno imposible en Occidente y devenga en un estricto cumplimiento de un pacto o de un deber. El huésped, el aparecido, el extraño que no cumple con las normas y obligaciones de la casa, con los plazos o los límites prefijados y contratados, corre el riesgo de devenir parásito. Así, el extranjero, el visitante, se vuelve abusivo, ilegítimo, pasible de expulsión o de arresto. No existe por lo tanto la hospitalidad. Ella implicaría aceptar al recién llegado “antes de cualquier anticipación, antes de cualquier identificación, se trate o no de un ser extranjero, de un inmigrado, de un invitado o de un visitante inesperado, sea o no el recién llegado un ciudadano de otro país, un ser humano, animal o divino, un vivo o muerto, masculino o femenino”. La tajante afirmación derridiana da cuenta del estrepitoso fracaso de las relaciones interpersonales en Occidente que atañen a la acogida o al recibimiento de una humanidad considerada otra en un espacio -territorio, país, nación, hogar, casa, mansión, lugar- considerado propio. En este sentido y a modo de excursus, no podemos dejar de advertir que tres años después de que Corman filmara la última de sus adaptaciones de Poe, aparece una obra paradigmática de los años sesenta y también del tópico de este huésped que trastorna con su presencia las bases en las cuales se asentaba el orden económico, social y afectivo de un hogar y una familia: Teorema (1968, Pier Paolo Pasolini). En el film de Pasolini, el contenido es claro. El joven bello ángel o demonio que se instala en la casa y los ama todos y hace el amor con todos (con la madre, con el padre, con el hijo, con la hija y con la criada), derrumba con su sola presencia y con el sexo como lenguaje el mundo represivo y explotador en que se asienta la familia burguesa.
4 En todas las películas de Corman sobre Poe predominan una serie de tópicos y elementos comunes que posibilitan su lectura como una gran obra unitaria: la decadencia de la clase privilegiada a la que pertenecen los protagonistas, en la que van a confluir características tanto de la nobleza como de la burguesía: por un lado, el horror ante la inminencia del fin de un mundo en el que se hallan seguros; por el otro, cierto clima de represión sexual y opresión simbolizados por lo general en una mansión o castillo aislado que, cual cuerpo, parece cobrar vida por sí mismo. La mansión o el castillo sucumben junto a las clases privilegiadas al develar sus secretos. | Vincent Price en El péndulo de la muerte (Pit and the pendulum, 1961) |
Corman estaba convencido de que Poe había escrito sus obras con una modalidad científica que presagiaba a Freud y que los dos expresaron a su manera el concepto de inconsciente. Freud creía que en el inconsciente, una casa es el símbolo del cuerpo de una mujer en donde se puede penetrar. La mujer y la casa son asociadas frecuentemente en la obra cinematográfica de Corman sobre Poe. En la década del sesenta del siglo XX, se consolida la tipología del burgués como reprimido sexual cuya vida transcurre de manera monótona, aburrida e hipócrita poco proclive a los placeres sensuales. El filósofo Herbert Marcuse, que hizo confluir las teorías de Freud y de Marx, alentó la hipótesis de que las sociedades capitalistas reprimían el sexo con el propósito de subsumir las fuerzas creativas y eróticas de las personas en fuerzas productivas. Por ello, necesariamente, la liberación social debía venir de la mano de la liberación sexual. Éstas propuestas serán las banderas y las consignas del ‘68. En varios filmes de Corman los jóvenes enamorados buscan liberar a la mujer de las garras represivas de la mansión. A medida que se van abriendo las puertas de la casa y por lo tanto de la represión, las mujeres desatan sus pasiones, a menudo de manera agresiva y tanática.
5 Roger Corman fue criticado por ser uno de los cineastas que en la década del cincuenta y en plena Guerra Fría, filmó películas de ciencia ficción que eran metáforas de la fobia al comunismo. La paranoia anticomunista fue particularmente sublimada en toda clase de invasiones, generalmente extraterrestres, rojos y apátridas, de las cuales el film Lo que conquistó el mundo (It conquered the world, 1956) es paradigmático. Publicado en 1842, La máscara de la muerte roja, narra cómo, ante la amenaza de la peste que asola a la comarca, el príncipe Próspero se encierra junto a su corte en una abadía fortificada y se abandona a un “epicureísmo furibundo que desemboca en una fiesta de carnaval.”(7) Como es de esperar, La máscara de la muerte roja ha sido reinterpretada, nutriéndose de diversos contenidos a lo largo de los años: la peste ha representado “todos los males posibles, ya sean de naturaleza biológica, como el sida o el ébola, o de carácter ideológico, como el nazismo”.(8) El príncipe es pensable en los términos de un gobernante que, indiferente, contempla “cómo los parias asedian sus costas en precarios cayucos mientras el planeta se calienta peligrosamente.”(9) Sin pretender (des)velar lo que el poeta pudo haber querido hacer, es interesante descubrir el modo en que la realidad se apropia sistemáticamente de la obra de un autor que no ha podido escapar a su tiempo y que, como explica Félix J. Palma en su comentario al relato de Poe, hasta él mismo puede ser imaginado intentando resguardarse de un mundo hostil que intentaba arrebatarle a su Virginia con las pálidas garras de la tuberculosis. En la versión de Corman, The masque of the red death (1964), hay una idea de la Peste Roja como salvación de los aldeanos. En la primera escena, una flor se mancha con sangre y se dice enseguida que se trata de una flor para el día de la salvación. Una profecía se pronuncia: “la salvación está por llegar,” dice un hombre con su rostro y su vestimenta íntegramente rojos. Imposible no recordar El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957) de Ingmar Bergman, en el que la Peste Negra de 1348 está representada por un Bengt Ekerot palidísimo, vestido de negro. Una parca que, si bien en la diégesis anunciaba la muerte segura de los aldeanos y del cruzado interpretado por Max von Sidow, también puede pensarse en los términos de una modernidad que irremediablemente dejará diezmada la población a su paso. En el filme de Corman, por lo pronto, subyace claramente la idea de redención de los sectores subalternos y marginales de la sociedad. La salvación de los campesinos y el matrimonio de enanos que pueden comenzar una nueva vida se convierten en las bases sobre las cuáles se asienta la nueva sociedad. Lo que puede leerse en el filme de Corman es fobia pero también fascinación frente a la “peste roja” y violenta que, como dice un personaje “trae dolor, miedo y locura” pero que también puede liberarlos de la opresión del príncipe Próspero. “Cada hombre crea su propio cielo y su propio infierno”, dice “la peste roja” pero poco después es la encargada de entregar al noble, interpretado como siempre por Vincent Price, a las fauces de los integrantes de su corte que lo consumen de forma bestial en una suerte de banquete-orgía. Fascinado con el horror de los films de monstruos de la Universal de los años 1930, el estilo camp de Corman -identificado con una vanguardia de productores y directores independientes- era fundamentalmente utópico y estaba obsesionado con el despertar sexual de toda una sociedad. A la luz de estas consideraciones es que se pueden sacar dos conclusiones preliminares: por un lado, que hay tópicos e ideas que pueden ir más allá de las intencionalidades de un autor, pues forman parte del Zeitgeist de determinado contexto; y, por otro lado, que tanto la literatura como el cine son fuentes y agentes de la historia. | Roger Corman y Vincent Price en el set de La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960) |
Acerca de Adrián Melo Nació en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, en 1973. Es doctor en Ciencias Sociales y Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como investigador y como profesor de las áreas de filosofía y sociología en dicha institución, esta última en la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido.
Ha escrito artículos para diversos libros y medios culturales y ha publicado El amor de los muchachos: homosexualidad y literatura (Ediciones Lea, 2005) y, junto con Marcelo Raffin, Obsesiones y fantasmas de la Argentina: El antisetismo, Evita, los desaparecidos y Malvinas en la ficción literaria (2005). Es, así mismo, compilador de Antología de lecturas filosóficas I y II (2001) y Derechos humanos y ciudadanía (2006), ganadores del concurso Textos escolares para todos organizado por la Dirección General de Cultura y Educación del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Recientemente ha compilado Otras historias de amor: Gays, lesbianas y travestis en el cine argentino (Ediciones Lea, 2008). Es autor también de Jorge Amado: el banquete de la alegría, de próxima aparición. Acerca de Natalia Taccetta Es profesora de filosofía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y doctoranda en Ciencias Sociales por la misma casa de altos estudios. Es egresada de la Carrera de Guión de la Escuela del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (ENERC/INCAA - 2001) y finaliza, en este momento, tanto su tesis de Licenciatura en Artes Audiovisuales en el Instituto Universitario Nacional del Artes (IUNA) como una Maestría en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín (IDAES/UNSAM).
Es Becaria CONICET por el proyecto “Cine y representación histórica. La constitución de un nuevo sentido histórico según la perspectiva de Walter Benjamin”, dirigido por el Dr. Fabián Ludueña y co-dirigido por el Dr. Marcelo Raffin, en el que explora las relaciones entre cine e historia y las potencialidades del cine para el análisis filosófico. Participa de dos proyectos de investigación: “Genocidio, política y exclusión. La vida en el centro de las prácticas socio-políticas contemporáneas” dirigido por el Dr. Marcelo Raffin; y “Conocer el pasado, usar el pasado: una reflexión filosófica acerca de nuestras apropiaciones de la historia reciente” dirigido por la Dra. Verónica Tozzi. Ha participado de múltiples jornadas y congresos nacionales e internacionales. En el 2005, por su guión de largometraje “Variaciones sobre Ana” fue seleccionada para el Talent Campus, actividad realizada en el marco del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente por el Festival Internacional de Berlín. Desde 2003, se desempeña como docente en la UBA (Carrera de Diseño de Imagen y Sonido y Carrera de Sociología) y en el IUNA (Carrera de Artes Audiovisuales). Notas al Pie (1) Comentario de Ronaldo Menéndez a El hombre de negocios. Poe, Edgar Allan (2009), Cuentos completos. Edición comentada, Madrid: Editorial Páginas de espuma. Traducción: Julio Cortázar. (Volver) (2) Comentario de Espidro Freire. (Volver) (3) Comentario de Irene Jiménez. (Volver) (4) Comentario de Álvaro Bisama. (Volver) (5) Narraciones extraordinarias (1840 y 1845). (Volver) (6) En Cuentos de terror (Tales of terror, 1962) Roger Corman realizó una adaptación libre de cuatro relatos de Poe, incluyendo Morella además de El gato negro, El tonel de amontillado y El caso del señor Valdemar. (Volver) (7) Comentario de Félix J. Palma. (Volver) (8) Comentario de Félix J. Palma. (Volver) (9) Comentario de Félix J. Palma. (Volver) |