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El cine es luz. La luz que reflejan los objetos, las apariencias y nosotros mismos en nuestra existencia impregnada en el celuloide. La luz que se proyecta ante nuestros ojos abriendo una ventana al sueño de nuestro reflejo… Sin embargo, la luz también puede ser cegadora.  

Compilado por Anabella Speziale.

 

LUZ-SOMBRA-CONTRALUZ

(fecha de realización: Junio 2009) 

Para salir del mundo de las sombras es necesario encender la luz y así dejar de correr en la oscuridad. El cine es luz. La luz que reflejan los objetos, las apariencias y nosotros mismos en nuestra existencia impregnada en el celuloide. La luz que se proyecta ante nuestros ojos abriendo una ventana al sueño de nuestro reflejo… Sin embargo, la luz también puede ser cegadora. Los instantes no desaparecen mientras las formas siguen inmiscuyéndose en la caverna. Sabemos que los matices se develan a contraluz. Somos sombras que bailan en la pantalla de plata… al grito de “¡Luz, cámara y acción!”.

Compilado por Anabella Speziale


El camino de los sueños  (Mulholland Dr., 2001)
David Lynch
Estados Unidos / Francia
147 min.

por Anabella Speziale

Siempre hay una dualidad implícita en todos nosotros... como hay dos lados en una moneda... hay día y noche... luz y oscuridad... ying y yang... masculino y femenino... hay virtudes públicas y vicios privados... ¿quién se atreve a mostrar su sombra? // y las formas se confunden a contraluz… ¿quién se atreve a mostrar su sombra? Una sensación de vacío sereno nos devuelve la luz de nuestro reflejo // contraste del perfil de nuestra fisonomía. Cada uno tiene múltiples esferas personales, nos movemos entre bambalinas y actuamos trasformándonos según el escenario de la ficción cotidiana y ella salta de una vida imaginaria a otra en su hacer diario mientras cree ser la estrella. Suena el teléfono de productores que digitan la fábrica de los sueños… sueña el éxito, sueña el amor, sueña que es Rita, Camila y Betty… son todas parecidas, son todas la misma piel… rubia o morena solo es una imagen en una película perdida de bulevares con palmeras… y llora al darse cuenta que el silencio ensordece su muerte. Su cuerpo le devuelve el momento mágico que alguna vez vivió de amante, pero no le basta. Se abre la caja de sus anhelos, secretos y obsesiones. Ya quedó firmada su sentencia, entre flashes y fiestas: luces cegadoras que petrifican la apariencia de los cuerpos con sonrisas inertes. Siempre hay una dualidad implícita en todos nosotros, quien se atreve a hacer público sus secretos más oscuros no deja nada más que una sombra en la pantalla que parpadea ante nuestra mirada… ingenua.


Good bye, dragon inn (Bu San, 2003)
Tsai Ming-Liang
Taiwan
84 min.

por Lucía Carnicero
 

Un joven, su poder es la mirada y entre velos observa figuras decapitadas por el filo de luz que divide las butacas. Se prepara para atacar calculando el punto exacto de su impacto. Se agazapa esperando el instante y sucumbe ante la fragilidad de quien no lo ve. Incómodo en la proximidad que no busca, su propia historia se proyecta: él alguna vez también fue presa de una jaula que siempre cierra.
Hoy el juego es entre cazadores, ya no hay acecho ni poder, solo danza ante una pitada de cigarrillo que se transforma en ritual de apareamiento. Pero el otro se aleja dejando a sus pies una sombra eterna sin huellas, solo queda el hambre y el vacío de un cazador sin presa. ¿Pero acaso los animales recuerdan?


Vivir su vida (Vivre sa vie, 1962)
Jean-Luc Godard
Francia
85 min.
por Lara Arellano
 

Sentada en la ventana un rostro difuso sale a luz. La deuda del tiempo y las palabras es saldada. Un cuerpo yace y revela el misterio.
En la oscuridad de la sala Nana presencia otra pasión. El brillo del fuego imprime su rostro silente. Del exterior al interior, del interior al alma. Vivir su vida hasta agotarla. Aspirar su luz hasta apagar la huella.
Hacia el centro de la habitación un corazón oscuro tiñe los besos y las palabras de hombres sin rostros. Nana desabrocha su camisa, gira su mano y oculta sus gestos.
París se desliza, se dibuja y se borra. El movimiento de la vida va desde el silencio a las palabras. ¿Qué es el amor? ¿Qué es el amor?
Secreto de luz, velo de sombra. Dibuja el perfil de una cabeza desierta y rota. El retrato oval absorbe su rostro, lo atrapa ante un final que llega rápido. La ráfaga perdida, disparos en la sombra. Su luz desgastada imprime el instante de muerte. Muerte y verdad en un movimiento.


Escondido (Caché, 2005)
Michael Haneke 
Francia / Alemania / Italia / Austria
117min.
por Natalia Ardissone
 

Un Él es su propia linterna, siempre lo fue.
Desde niño decidió dónde alumbrar.
De noche no siempre apagó la luz y de día permaneció en la sombra.
Cuando creció, alumbró su casa para poder leer, leer, leer.
Estantes repletos de saber encuadernado para sostener las paredes.
Pero no todos precisan luz.
Alguien ve en el fondo del mar.
Alguien te quita la linterna y la vuelve contra tus ojos.
Te enceguece o te permite ver.
Porque tus ojos atrofiados ya no veían.
Porque habías olvidado o querido olvidar o pretendido ocultar.
Desde la sombra también se ve.
Sociedad enceguecida, dormida, desbordada de luz.
Tu presente no brillará a contraluz con tu pasado.


La zona (Stalker, 1979)
Andrei Tarkovski 
Alemania Occidental / Unión Soviética
163 min.
por Leandro Rodríguez Salcedo

Neo antigua broza cósmica, magnética invicta tóxica, tu entidad; aún siendo eternamente inaccesible tu corazón salón de deseo. Zona muerta, zona viva: el Stalker entra y sale, sale y entra como insólito, puntual, melancólico y fatal, necesario cucú en tu frente. Adicción a transitarte, a encontrarse y a perderse, así angustie la demora dentro de tu vientre inmenso y aflija tu desenlace, por escaso, por un perro. Territorio movedizo laberinto, anti-flash tiempo hiper-micro. Siempre nunca todo nada. De improviso, de repente, nativa; así es tu mente. Tus blancos saltos de agua y aguas quietas transparentes, tu repentina lluvia y fulgor y oscuridad oscilantes, tu estática clara niebla, hierba y tierra, fuego y aire, tus muros, techos y cercas, tus atajos invisibles, tus lúgubres pasadizos, tu apariencia de posguerra. Pacífica si los hombres no te revisten de cuerpo y recorren tu inmediato espontáneo pensamiento en profano psiquis tour; agnósticos y creyentes, miedosos, esperanzados, codiciosos, primigenios. Con tus tuercas repulsadas adaptadas a ser brújulas rosarios parasitarios que rigen sobre el origen pero nunca lo sujetan. Utensilio real mágico, con la fe de Stalker guía, en tu cruda paradoja, viajeros lógicos muertos, apocados, insurrectos, que se mofan de la fe. Zona viva, zona muerta: te saltaron varias tuercas, y más saludable que enferma es tu aparente demencia. Metafísica hecha física eres Zona: ¡Qué tu nombre es Existencia!


El Sol del membrillo (1992)
Víctor Erice
España 
133 min.
por Manuela Ledesma

Serenidad. Áspera brisa matutina resopla. El haz muestra detalles. Pero breve es el tiempo.
Comienza la búsqueda.
Calma. Pequeñas impresiones se adivinan en el tapiz del alba. Movimientos imperceptibles. Aún nada.
Paciencia. La búsqueda parece inmóvil; la calidez del otoño se convierte en frío y penumbras del Invierno. Peligroso e Incierto. El Sol brilla menos que tenue.
Aunque sombras frías, la calidez acompaña. Incertidumbre.
Series. Reflexión. Intercambio. Claridad.
Madurez. El Sol nace de nuevo.


Niños del hombre (Children of men, 2006)
Alfonso Cuarón
Estados Unidos / Japón / Reino Unido
109 min.
por Diego Cirulo

Viejos, desgarrados, incontrolables. La niebla ha llegado a los cuerpos.
El Sol se ha convertido en un bellísimo punto inservible.
Las mujeres… insólitas e infértiles. Los hombres… desolados y ebrios de violencia.
Un héroe perdido entre otros tantos bebe del más imposible de los venenos: su memoria.
¿Quién está del otro lado del mar? ¿La promesa del mañana está en un navío?
“Hey, amigo, sólo es un chiste”, escucha el héroe caído.
Una brecha de ébano se abre en el camino regado de árboles malditos. De su mano, cabellos rojos retornan del pasado detonando la más imposible de las variantes: esperanza.
¿Cómo sonaban los niños en mi vieja tierra? ¿A dónde se han ido? ¿Debo esperarlos en ese navío que promete el nuevo cielo de la mano de esos cabellos y el ébano?
El héroe grita, el héroe pierde, el héroe se desgarra… el héroe continúa.
Una ruta destrozada es bañada por los albores del ahora inservible y los carmines calientes, amigos de  la muerte sin lenguaje.  Duro peregrinaje en un viaje al prometido retorno.
Un pesebre en penumbras y un grito esperado por veinte años.
¿Este es el cuerpo que nos llevará a la redención? ¿Cómo saberlo, ahora que he caído en la más profunda de mis pesadillas? ¿Cómo saberlo, cuando en él todavía veo retazos de mi vieja vida?
“Hey, amigo, tose… sabe a Frambuesas”, oye el héroe caído.


Gradiva (C'est Gradiva qui vous appelle, 2006)
Alain Robbe-Grillet 
Francia / Bélgica 
110 min.
por Andrés Besada

Marruecos. Sobre el muro blanco de la mente, dibujos de Delacroix. Aquel Orfeo de rubios cabellos cree conocerlo. Nada es el fiel espejo de la incandescente realidad. En la cama, a su lado, la piel cobriza de la bella al desnudo. Un ciego, en un callejón. El narguile prendido, un opio que lo lleva dentro de un burdel dentro de un castillo de dolor. Y las pieles de las doncellas son laceradas bajo látigos de muchas borlas de acero. Suficientemente afilado para herir la sensibilidad de él, del explorador ansioso por dilucidar el misterio, porque ella está en todas partes, incluso en años pasados, en siglos paganos de Luna llena y fuegos apagados de humos blancos y brumas nocturnas. En un café, una taza hace humo, y se evapora la sustancia de la que está hecha ella. Rubios sus cabellos y viste a la moda, tanto de siglos pasados como de blue Jean y camisa de seda. Miente Delacroix, ya nadie cree en aquellas reproducciones. Solo están allí para embarrar la mente, para pintar con acuarelas el papel de la corteza cerebral de sangrantes cuerpos. El tormento parece no tener fin, y es allí cuando la fusión de los metales lleva a pensar en que los alquimistas, al igual que el rubio Orfeo, nunca pudieron crear ni oro ni realidad. Fin del carrete de diapositivas.


Perdidos en la noche (Midnight cowboy, 1969)
John Schlesinger 
Estados Unidos
113 min.
por Jorge Sebastián Noro

El cuerpo con su gran tamaño se muestra rectilíneo, completamente erguido, bello, esbelto.
Camina, transita, no se queda quieto, sus grandes dimensiones demandan movimiento. Sin embargo, hay determinados momentos inevitables en los que el cuerpo se detiene, se contrae. Su interior se proyecta sobre sí mismo y circula constantemente de pies a cabeza acariciando las partes más íntimas de su cuerpo. El interior penetra en el cuerpo visible, duele, lástima, molesta. El interior permanece en el cuerpo erguido, rectilíneo. El cuerpo elige trasladarse, deja las afueras, con el objetivo de descubrir y conocer lo nuevo. Y así evitar el pasado que esconde. Pero el interior penetra aún más, infecta, se vuelve parásito, pervierte la forma del cuerpo. No es más rectilíneo, erguido, bello, esbelto, ya no es más eso. Las alturas muestran al Hombre Verdadero, que sufre y está realmente marcado, que sabe que es imposible evitar el pasado. El ruido penetra en el sonido. La luz se oscurece definitivamente.


 

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